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CANNES 2019 Quincena de los Realizadores

Crítica: Zombi Child

por 

- CANNES 2019: Bertrand Bonello firma una cinta brillante, intensamente misteriosa bajo su apariencia de sencillez, que difumina los límites entre las épocas y los mundos

Crítica: Zombi Child
Louise Labèque y Wislanda Louimat en Zombi Child

“Escucha, blanco mundo / Los salves de nuestros muertos / Escucha mi voz de zombi / En honor de nuestros muertos”. Con estos versos de un poema de René Despestre (que luego se retomará a lo largo de la película) comienza Zombi Child [+lee también:
tráiler
entrevista: Bertrand Bonello
ficha del filme
]
, la nueva obra del siempre brillante Bertrand Bonello, presentada en la 51ª Quincena de los Realizadores del 72º Festival de Cannes. Abordando con un presupuesto reducido un tema sobradamente tratado en los últimos tiempos en la pequeña y la gran pantalla, el realizador francés difiere, no obstante, de las epopeyas survivalistas de tendencia más o menos gore para aventurarse en una apasionante experiencia etnográfica y misteriosa, remontándose a los orígenes haitianos y profundos del fenómeno, en una zona gris entre la vida y la muerte, con la esclavitud y la libertad como trasfondo.

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Estamos en Haití, en 1962. Un individuo sin rostro trincha un pájaro y prepara un polvo que luego vierte en los zapatos de un hombre que se desplomará en la carretera, será enterrado por su desconsolada familia y quedará zombificado, condenado a trabajar como un sonámbulo en una plantación de caña de azúcar junto a otras criaturas como él, custodiadas por varios cómitres que parecen disfrutar de su trabajo. Luego, la cinta salta bruscamente hasta la actualidad, a Saint-Denis, en las afueras de París. Estamos en una clase del instituto de la Legión de Honor en la que quinceañeras uniformadas escuchan una lección en torno a la obra El pueblo, de Jules Michelet, el legado de la Revolución francesa, sus promesas no siempre mantenidas y un siglo XIX en el que la idea del progreso ocultó la de la libertad bajo la marea de “una historia discontinua, subterránea, que buscaría los puntos de resurgencia y que probaría experiencias”. Una clase que parece un manifiesto, anunciando lo que sucederá a continuación en Zombi Child, que narra de forma paralela las desventuras de cuatro estudiantes internas (una de ellas, Melissa, que interpreta Wislanda Louimat, es una haitiana huérfana) que se reúnen por la noche en secreto, en el marco de una sororidad literaria, y de Clairvius Narcisse (Bijou Mackenson), el zombi del principio, que logrará escapar de su condición. Una doble trama que va unificándose progresivamente (como una serpiente que cierra su círculo), en una exploración que abole el espacio-tiempo y abre la puerta a espíritus más o menos bienintencionados, que invoca la sacerdotisa vudú Mambo Kathy (Katiana Milfort), tía de Melissa, a petición de la joven Fanny (Louise Labèque), poseída por una dolorosa pasión de amor (“cuando tú no estás, atravieso la noche como un cuerpo sin alma”).

Zombi Child es una experiencia cinematográfica fascinante, así como un film iniciático sobre una cultura en la que se vive en constante presencia de la muerte, a través de un vínculo poderoso y potencialmente violento que remite de forma subyacente al karma de la esclavitud, la traición de los valores, la pérdida de la memoria, la pertenencia a una comunidad, la fuerza de los espíritus, los mitos y la realidad, las puertas de la imaginación, etc. Bertrand Bonello sugiere con delicadeza estos y otros temas detrás de una fachada de teen movie femenina y moderna, cruzada con una vertiente de película histórica y otra de documental casi etnográfico. Una mezcla sorprendente y cautivadora que seguramente no revela todos sus telúricos secretos en un solo visionado.

Producida por My New Pictures y Les Films du Bal, y coproducida Arte France Cinéma, Zombi Child es vendida internacionalmente por Playtime.

(Traducción del francés)

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