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CANNES 2019 Semana de la Crítica

Crítica: Les héros ne meurent jamais

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- CANNES 2019: Aude Léa Rapin demuestra su valía con su primer largometraje, que relata la historia de un equipo de rodaje investigando un posible caso de reencarnación en Bosnia

Crítica: Les héros ne meurent jamais
Jonathan Couzinié y Adèle Haenel en Les héros ne meurent jamais

“¿Cómo se puede estar seguro de que no estás ya muerto?” Esta extraña pregunta es la motivación de los protagonistas del primer largometraje de Aude Léa Rapin, Les héros ne meurent jamais [+lee también:
tráiler
entrevista: Aude Léa Rapin
ficha del filme
]
, presentado durante la sesión especial de la 58ª Semana de la Crítica del 72º Festival de Cannes. La película, basada en esta duda existencial, es una obra muy original del cine joven francés, con un enfoque arriesgado y entre una extravagante película de investigación y una road-movie que tiene como protagonistas a un equipo de rodaje en Bosnia-Herzegovina, un país que no olvida los terribles años de la guerra de los Balcanes.

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Joachim (interpretado por el actor revelación Jonathan Couzinié), mirando a la cámara de su amiga, la periodista Paule (interpretada por la siempre excelente Adèle Haenel), dice: “No es algo habitual y no me hizo ninguna gracia”; refiriéndose a un acontecimiento que le perturba desde hace tiempo. En París, un hombre le gritó por la calle, le llamó “Zoran”, le acusó de “matar” y “torturar”, y le dijo que de todas formas ya no estaba vivo, que “le mataron un 21 de agosto de 1983”. Lo que más confunde a Joachim es que esa es su fecha de nacimiento y que desde entonces, cada noche, casi en trance, dibuja escenas de guerra, imágenes que le vienen solas, sin saber de dónde (“es imposible sacármelo de la cabeza, siento que fui yo, que yo lo viví”) e incluso llega a escribirse en el brazo el nombre en cirílico de una ciudad bosnia cercana a Srebrenica. ¿Reencarnación? ¿Alucinación? Paule, que ha trabajado durante años en los Balcanes, decide convertir esta historia en un documental y ambos se presentan en Bosnia con una ingeniera de sonido (Antonia Buresi) y un cámara (Paul Guilhaume, siempre invisible, pero interpelado por el resto de personajes). Su objetivo es encontrar alguna prueba tangible de la muerte de aquel hombre llamado Zoran. Empiezan entonces los viajes en furgoneta, las investigaciones en cementerios, los intentos fallidos en distintos establecimientos (“Aquí, uno de cada diez serbios se llama Zoran”), y las conversaciones con Joachim, que tiene los sentimientos a flor de piel. La investigación gira en torno al mortífero ambiente de una región donde las heridas de la guerra están aún abiertas. Descubrimos entonces un secreto que justifica las preocupaciones de Joachim, y Paule toma una sorprendente decisión que dará la vuelta a todo.

Más allá de la técnica cinematográfica de “la película dentro de la película” y de la singularidad del enfoque narrativo, Les héros ne meurent jamais destaca por su equilibrio, tomando a veces un carácter más cómico (las discusiones internas del equipo de rodaje) y otras uno muy dramático, convirtiéndose en un homenaje a las víctimas de la guerra de Bosnia. Aude Léa Rapin, desde un enfoque muy arriesgado y mezclando temáticas tan cruciales como la vida y la muerte, consigue crear una película extraña, atormentada y seductora, incluso a pesar de que el final no esté muy claro.

Les héros ne meurent jamais ha sido producido por Les Films du Worso y coproducido por Radar Films, la compañía belga Scope Pictures y la bosnia SSCA/pro.ba. Le Pacte se encarga de la distribución internacional.

(Traducción del francés por Pedro Andueza González)

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