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CANNES 2019 Competición

Crítica: Roubaix, une lumière

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- CANNES 2019: Arnaud Desplechin prueba el género policiaco con un trasfondo de miseria social, pero apenas convence, a pesar de un excelente Roschdy Zem

Crítica: Roubaix, une lumière
Roschdy Zem y Léa Seydoux en Roubaix, une lumière (© Shanna Besson/Why Not Productions)

Crímenes desesperados y trágicos en una ciudad en la que el 75 % de los barrios se clasifican como zonas sensibles, en el que el 45 % de la población vive bajo el umbral de la pobreza, en un territorio de sucesivas olas migratorias donde ahora solo reina la miseria. Así es hoy la ciudad natal del cineasta francés Arnaud Desplechin, que ya la usó como ambientación en Un cuento de Navidad [+lee también:
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, pero que nunca había abordado de frente la pobreza generalizada en un entorno en el que el aire está húmedo hasta en invierno. Ahora lo ha hecho con Roubaix, une lumière [+lee también:
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, presentada en la competición del 72º Festival de Cannes. Y atreviéndose también por primera vez con una cinta policiaca, el realizador ha intentado representar este mundo retraído, adaptando a la ficción (con Léa Mysius como coguionista) el documental Roubaix, commissariat central, de Mosco Boucault (2007). 

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"Un día, te das la vuelta y te das cuenta de que la vida no es gratis. Te has equivocado. A mí también me parece que la vida debería ser encantadora, como durante la infancia, pero no lo es". El comisario Daoud (Roschdy Zem) pasea su estilo de insomne tranquilo, solitario y melviliano por las múltiples intervenciones de la policía local. Es la noche de Navidad, arden coches y casas avenjentadas, estallan altercados, e inevitablemente, hay que distinguir entre lo cierto y lo falso, un ejercicio en el que se destaca el metódico comisario ("¿Siempre sabe si los sospechosos son culpables o inocentes?  —Sí, intento pensar como ellos"), apoyándose sobre su intuición y su conocimiento perfecto de los habitantes de una ciudad en la que ha pasado prácticamente toda su vida (pero de donde se ha marchado toda su familia, rumbo a Argelia). Louis, un joven teniente muy cristiano (Antoine Reinartz) descubre por su parte el panorama, las investigaciones de vecindarios complicados ("He llamado a las puertas de esta ciudad, las abren mujeres con velo, golpeadas o triunfales"); los burlones maleantes multireicindentes se denuncian los unos a los otros, y las familias pobres confían su protección a perros de ataque. Arrestos, interrogatorios pormenorizados, cacheos, extracción de las celdas: la rutina de la policía es un eterno retorno. Pero la muerte de una anciana de 83 años, estrangulada y asfixiada en su domicilio, en un callejón en el que unos días antes se provocó un incendio y en el que viven dos mujeres jóvenes, Claude (Léa Seydoux) y Marie (Sara Forestier), reclamará de pronto la atención de Daoud, que llevado por su instinto, decide interrogarlas por separado... 

En este nuevo largo de Arnaud Desplechin hay prácticamente dos películas distintas. La primera, que se sumerge en las diferentes facetas de un universo casi infernal de sufrimiento moderno, alrededor de la hiératica figura de Daoud (un impecable Roschdy Zem), es bastante convincente. Pero cuando la trama se estrecha en torno a las dos sospechosas y se encadenan una serie de meticulosos interrogatorios (la versión de cada mujer se repasa varias veces, con diferentes variaciones de presión psicológica, hasta llegar a una confrontación y una reconstrucción que vuelve a redistribuir el relato de los hechos), una impresión de realismo endeble (pues las dos actrices son, a pesar de su esfuerzo, poco creíbles como niñas perdidas de las clases populares) va insinuándose progresivamente, haciendo que el conjunto patine. Rodada en un estilo interesante, crudo y depurado, Roubaix, une lumière habría hecho mejor en insistir aún más en la icónica figura del comisario Daoud.

Producida por Why Not Productions y coproducida por par Arte France Cinéma, Roubaix, une lumière es vendida internacionalmente por Wild Bunch.

(Traducción del francés)

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