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CANNES 2019 Competición

Crítica: Il Traditore

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- CANNES 2019: Con su historia sobre Tommasso Buscetta, el jefe de la mafia convertido en informante, el director italiano Marco Bellocchio sube el listón con su cine social

Crítica: Il Traditore
Pierfrancesco Favino en Il Traditore

Marco Bellocchio, un tesoro nacional de la industria del cine italiano a sus 80 años (en noviembre), que ha pasado 54 de ellos haciendo películas desde su impresionante debut en 1965 con Las manos en los bolsillos, anunció su nuevo proyecto hace tres años en el Festival de Cannes. Hoy, vuelve a la Croisette con Il traditore [+lee también:
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; una película que compite en el festival y cuya historia (sobre Tommaso Buscetta, “el jefe de ambos mundos”), captó la atención de Bellocchio debido a sus dilemas morales. Este director, que recibió una educación religiosa en una familia de clase media, que ha usado su cámara como un arma de rebelión y que ha convertido el psicoanálisis antifreudiano en su principal recurso narrativo, no pudo resistir la tentación ante la culpa y el perdón que marcaron la vida de uno de los primeros grandes colaboradores de la justicia; un informante que permitió a los magistrados allanar la Cosa Nostra. Es un biopic al más puro estilo Bellocchio, visionario y original, que muestra horror y delirio, como ya se pudo ver en Buenos días, noche [+lee también:
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, la película de 2003 sobre el secuestro del ex primer ministro Aldo Moro, llevado a cabo por terroristas de las Brigadas Rojas. Pero también contiene varias referencias históricas, consultadas a Francesco La Licata y Saverio Lodato, dos expertos en mafia italiana.

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Con Il traditore, Bellocchio vuelve a subir el listón del cine social, sorprendiendo al espectador con el peso de la primera parte de la película: largas secuencias de acción con tiroteos, venganzas transversales y mucha violencia se unen en un clímax que recuerda a las películas de Martin Scorsese. Arroja el guante al mundo de las series de televisión que, en los últimos años, ha explotado con éxito el mundo de la mafia. Sin embargo, Bellocchio mantiene su perspectiva única; no sube la escurridiza pendiente de la simpatía y añade a la película toques de clase, como el homenaje a La dama de Shanghái, de Orson Welles, en el tiroteo en la fábrica de espejos. La película empieza en Sicilia a principios de los años 80, con una gran fiesta de estilo anticuado (más en la línea de El Gatopardo de Visconti que de El Padrino de Coppola) donde la Cosa Nostra debate sobre cómo controlar el comercio de la heroína, que pronto ocasionará una guerra entre los Corleonesi y las antiguas familias mafiosas.

Pierfrancesco Favino está majestuoso con su traje de protagonista. Rápidamente, desciframos la personalidad de Buscetta: disfruta de la vida, de la ropa bonita, de sus mansiones y de varias esposas, a la vez que exhibe una vanidad que oculta ansiedad e inseguridad… Es lo opuesto a su archienemigo Totò Riina (Nicola Calì), jefe de los Corleonesi, que aniquila a la familia de Buscetta por su traición. Bellocchio resalta las dos formas contradictorias en que la mafia interpreta el “honor”, demostrando la hipocresía y la falsedad de un hombre que vive con sobriedad rodeado de imágenes religiosas y critica la moralidad de otros mientras ordena asesinatos. Cuando se encuentra ante Giovanni Falcone (Fausto Russo Alessi), el juez que lo interroga después de su extradición de Brasil, Buscetta describe su deserción como un acto de heroísmo en respuesta a la traición de los viejos valores de la mafia por parte de los Corleonesi. Un código de la mafia que el juez considera un mito. Buscetta y Falcone recorrieron caminos predestinados; pero mientras el mafioso muere en su cama a la edad de 72 años, Falcone muere en 1992, cortesía de cinco quintales de TNT colocada por los asesinos de Riina.

En los 148 minutos de película, Bellocchio no esquiva las dimensiones políticas de la historia, analizando los vínculos entre la Cosa Nostra y las otras instituciones que Buscetta mencionó en sus revelaciones. Además, entre estos vínculos, se encuentra el siete veces primer ministro, Giulio Andreotti, acusado de fraternizar con la mafia. El mismo político que, como amante del cine y ministro, invirtió toda su puritana energía en censurar las películas más “vergonzosas” (negándole una visa de exportación a El ladrón de bicicletas). En Il traditore, Bellocchio le baja los pantalones, literalmente.

Il Traditore ha sido coproducida por IBC Movie y Kavac Film, con RAI Cinema, Ad Vitam (Francia), Match Factory Productions (Alemania) y Gullane (Brasil). The Match Factory gestiona las ventas internacionales. La película se estrena en Italia el 23 de mayo (aniversario del atentado de Capaci, perpetrado por la mafia) a través de 01.

(Traducción del italiano)

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