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EDIMBURGO 2019

Crítica: Bait

por 

- Mark Jenkin habla de la pérdida de derechos en Cornualles con un gran dominio del lenguaje cinematográfico

Crítica: Bait
Edward Rowe en Bait

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, que compite por el Michael Powell Award a la Mejor película británica en el Festival Internacional de Cine de Edimburgo (del 19 al 30 de junio), después de haberse estrenado en el Festival de Cine de Berlín, donde era la única película británica de las selecciones oficiales, es una lección de técnica cinematográfica, una historia contemporánea sobre los defectos de la sociedad británica y una de las películas del año. 

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¿Por dónde empezamos a elogiar a Mark Jenkin por Bait? Como guionista, ha construido una historia esclarecedora sobre la Gran Bretaña contemporánea, que tiene lugar en Charlestown y Penzance, justo después del referéndum del Brexit, y que trata temas como la industria pesquera, la gentrificación y la división de clases. Como director, Jenkin muestra un gran dominio del lenguaje cinematográfico y se atreve a usar la interpretación hiperrealista para establecer y conseguir un tono cómico. Como cinematógrafo, ha construido unos exquisitos planos en blanco y negro con una cámara Bolex de los años 70 de 16 mm, cuya película Kodak procesó a mano con café y otros materiales naturales para crear una mirada que es cafeína para la córnea. La edición se ha hecho al estilo de Sergei Eisenstein, ya que utiliza el montaje para construir un mundo rico, crear tensión y yuxtaponer los estilos de vida conflictivos para crear un mosaico de personajes descarados. También compuso la música; un paisaje sonoro impresionante donde una bolsa en el suelo puede sonar como un terremoto y el aullido del viento es como el crescendo de una orquesta.

El mundo es tan áspero y tan blanco y negro como las imágenes. Nuestro antihéroe es Martin Ward, interpretado por el cómico de Cornualles Edward Rowe. Con su barba y sus hombros fruncidos podría parecer el arquetipo del marinero, excepto porque ya no tiene barco. Son tiempos duros para los pescadores de Cornualles: el hermano de Martin, Steven (Giles King), ha convertido su barco en un alegre crucero para turistas, que también es una fuente de conflicto entre ambos; mientras otro pescador ahora se gana la vida como taxista.

Los vecinos tuvieron que vender sus casas a urbanitas ricos que las usan para pasar el verano junto al mar, que traen consigo costumbres capitalistas y vinos de supermercado; y que usan las multas para proteger sus derechos sobre la vivienda. Martin se queda lívido cuando detiene su vehículo en la carretera que va hacia la casa donde creció y que ahora pertenece a Sandra y Tom Leigh (Mary Woodvine y Simon Shepherd). Jenkin es sincero en su análisis de que este pueblo ya no es una comunidad rural de pescadores, sino un destino turístico donde hasta el pub local abre durante los meses de verano.

Algunos espectadores podrán oponerse a la simplicidad de los argumentos políticos que aparecen en esta película, pero eso significará que no están teniendo en cuenta que esta historia tiene sentido para los que creen que han sido olvidados mientras la sociedad británica pasa de una economía industrial a una digital. Bait, como sugiere su título, es una especie de tentación, una invitación a participar en un desafío. La estética y el montaje son violentos y desafiantes, algo que se aleja bastante de la norma y que dejará una sensación de mareo: una excelente reacción hacia esta grandiosa película.

Bait ha contado con la producción ejecutiva de Kate Byers y Linn Waite, de Early Day Films (Reino Unido). Denzil Monk es el productor asociado. BFI distribuye la película en Reino Unido.

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(Traducción del inglés)

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