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KARLOVY VARY 2019 Fuera de competición

Crítica: Old-Timers

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- La venganza es un plato que se sirve muy frío en esta comedia dramática con protagonistas ancianos de Martin Dušek y Ondřej Provazník

Crítica: Old-Timers
Jiří Schmitzer en Old-Timers

Uno tiene la impresión de ver un remake más sencillo del thriller geriátrico y no muy exitoso de Atom Egoyan Remember [+lee también:
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—en el que Christopher Plummer y Martin Landau perseguían a un antiguo nazi, responsable de la muerte de sus familias, al mismo tiempo que lidiaban con su propia demencia— al ver Old-Timers [+lee también:
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, de Martin Dušek y Ondřej Provazník; aunque esta segunda es una propuesta que, de entrada, resulta mucho más atractiva. Principalmente, por el extraordinario nivel de gruñonería de sus protagonistas, que fácilmente supera el de Lemmon y Matthau en Dos viejos gruñones. Es una pena que sus quejas entre dientes, que avivan la selección fuera de competición de Karlovy Vary 2019, no se premian con frases tan enjundiosas como las de esos dos vejetes de la comedia de Petrie, como por ejemplo, “Cuando tuve una úlcera, me tiraba pedos como cuchillas de afeitar”. Esa sí que era una buena película.

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Aun así, aquí hay mucho que disfrutar, aunque “disfrutar” puede que no sea la palabra adecuada, pues Old-Timers, aunque es capaz de provocar alguna carcajada ocasional, está lejos de la historia de glorificación de la venganza en la que abuelos blanden pistolas mientras se disponen a remediar entuertos y hacer las delicias de los que tienen más de 60 años. La historia de cómo Tonda y Vlasta (Ladislav Mrkvička y Jiří Schmitzer, que parece un John Water arrugado, lo cual debe tomarse como el mejor cumplido) buscan a un fiscal comunista que, en lugar de pagar por lo que un día hizo, solo “se montó en un tranvía y fue del juzgado a su casa”, es en realidad sorprendentemente sombría. Con un pasado trágico como prisioneros políticos que solo se sugiere y sin embargo está perfectamente claro, parece que las arrugas no pueden cubrir todas las heridas, pues a veces solo quieren un poco de satisfacción. Pero desde el principio, da la impresión de que sea cual sea el final, ese sentimiento solo se les volverá a escapar, pues no importa cuántas armas uno trate de colar por la aduana, ya que nunca recuperará los años.

Estos actores, que son de lo más veterano que hay —odio esta palabra—, y verdaderamente geniales ambos, te hacen sentir todo el dolor, ya sea el de sus piernas, sus corazones o sus mentes. Jugando la carta del jubilado inocente cuando lo necesitan y refiriéndose a un perro muy querido como “una puta vieja”, ambos van simplemente avanzando con dificultad, y los dos directores observan de cerca sus cuerpos cansados, a los que les cuesta el más sencillo de los movimientos y las maniobras con silla de ruedas que el resto del mundo querría no ver. “¡Al infierno la puta República Checa!”, grita uno de ellos, y no está claro si se refiere a su pasado o su presente, pues ha pasado las dos épocas prácticamente solo, en compañía de los recuerdos que le devoraban por dentro. Con sus comentarios de amargados y su asombrosa querencia por los leis hawaianos, este es un viaje incómodo pero entretenido, y solo el torpe final revela la falta de experiencia de los directores. Se podría esperar una mejor conclusión, habida cuenta de la calidad de las interpretaciones, pero por lo menos Dušek y Provazník ofrecen palabras sabias a recordar: uno no puede mearse en la verdad.

Escrita por Martin Dušek y Ondřej Provazník, Old-Timers es una producción de Jiří Konečný, de la compañía checa Endorfilm. La cinta fue coproducida por Czech Television y la productora eslovaca Sentimentalfilm, y contó con el respaldo de Eurimages.

(Traducción del inglés)

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