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LOCARNO 2019 Competición

Crítica: Douze mille

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- Con decisión y una sorprendente dosis de buen humor y poesía, el film de Nadège Trebal examina las vicisitudes de dos almas gemelas en busca de su felicidad particular

Crítica: Douze mille
Arieh Worthalter y Nadège Trebal en Douze mille

En su primer largo de ficción, Douze Mille [+lee también:
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, que se proyecta en la competición internacional del Festival de Locarno, la directora gala Nadège Trebal dirige su cámara a dos personajes complejos e irreverentes que harán todo por defender su libertad. Protagonizada por la propia directora, junto con un intenso Arieh Worthalter, los personajes de Douze Mille parecen flotar por encima de un mundo que está decidido a subyugarlos.

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Tras perder su trabajo en negro como chatarrero y llegar a la conclusión de que su pareja Maroussia ya no le querrá como antes, Frank se marcha repentinamente, en un intento de ganar lo mismo que Maroussia gana en un año: doce mil euros. Ni más, ni menos; el mínimo requerido.

¿Cómo describir el film de Nadège Trebal en una sola palabra? “Extraño” es sin duda la descripción más adecuada. “Extraño” como sinónimo de encantador e imperfecto, por su incomodidad misteriosa y seductora. Ciertamente, el atractivo de Douze Mille reside en su belleza atípica e inclasificable, que está a años luz de las realizaciones más botticellianas y francamente cansinas de la perfección. Los personajes que habitan el universo de Trebal se niegan a ser agrupados en categorías predefinidas en lo que respecta al género o a la posición social. Frank y Maroussia viven sus vidas siguiendo su propio instinto y reglas, sin interés por los juicios emitidos por una sociedad de la que ellos querrían escapar.

El trabajo como objetivo prioritario e impulsor de éxito social no es evidentemente una prioridad para nuestra pareja. Para ellos, el sentido de la vida puede encontrarse en otro lugar, lejos de la lógica perversa por la cual los dominadores y los dominados jamás cruzan caminos ni espadas, sino que permanecen peligrosamente en su lugar. Nadège Trebal aborda los temas del dinero, la explotación y la sexualidad de forma directa, evitando la falsa modestia.

La relación entre Frank y Marossia se muestra en toda su intensidad física, como intentando recordarnos que los seres humanos son ante todo animales salvajes. Los personajes que pueblan Douze Mille no están domesticados en forma alguna, no se doblegan ante una sociedad que les quiere razonables y diligentemente sumisos. Al contrario, sus vidas se rigen por el instinto, por emociones que están tan alejadas de nuestra forma racional y pragmática de pensar que en ocasiones parecen ingenuas. Desde este punto de vista, la cinta de Trebal es decididamente política, si bien nunca en detrimento de su fuerza sensual o poética. Y a todas luces, este lado más ligero y, en cierto sentido, despreocupado dota a la película de una cualidad atemporal.

Las escenas en las que vemos a los personajes perdiéndose en coreografías aparentemente improvisadas son asombrosas y potentes en su simplicidad. A través de estos momentos “en suspenso”, las cuitas cotidianas se transforman en surrealidades oníricas. Douze Mille puede describirse como un film coreografiado, evocador de obras maestras como Pola X, de Léos Carax, o Los años ochenta, de Chantal Akerman. Es una película de otro mundo que nos transporta lejos, muy lejos de la desolación de la rutina, hacia un universo misterioso en el que la intensidad e inmediatez el presente es todo lo que cuenta.

Douze Mille es una producción Mezzanine Films, coproducida por Maïa Cinéma. Las ventas internacionales están a cargo de Shellac.

(Traducción del italiano)

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