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LOCARNO 2019 Cineastas del presente

Crítica: Oroslan

por 

- Matjaž Ivanišin demuestra que hay vida después de la muerte, al menos en las historias que contamos

Crítica: Oroslan

En lo que podría ser una de las representaciones más simples de la icónica declaración de Ray Bradbury "y cuando nos pregunten qué estamos haciendo, les podéis contestar: Estamos recordando. Así, venceremos a largo plazo”, Matjaž Ivanišin y su supermodesta Oroslan [+lee también:
tráiler
entrevista: Matjaž Ivanišin
ficha de la película
]
han sido presentados en la sección Cineastas del presente del Festival de Locarno y celebra una idea que, aún sin ser revolucionaria, sigue siendo bastante conmovedora. Es la idea de que después de que nosotros, o en este caso, un hombre llamado Oroslan, fallezcamos, simplemente vivimos, todavía muy presentes en las historias cerveceras de un bar en algún lugar de Hungría, o en una anécdota contada con una sonrisa al principio dudosa, pero que acaba siendo exorbitante. Todo depende de la suerte que tengas, supongo.

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Esta concepción es, todo hay que decirlo, más inspiradora que la propia película, que, aún siendo corta, en tan solo 72 minutos consigue dejar huella dentro del espectador. Aunque sin duda sería mucho mejor si usara un formato más corto, la película todavía ofrece algunas escenas encantadoras, especialmente a medida que más y más personas entran en escena. Al contar sus recuerdos del difunto, desde recuerdos muy personales hasta otros que apenas se registraron, los sujetos parecen encontrar algo de consuelo en sus recuerdos. Recuerdos que, en la mayoría de los casos, dan paso a algunas conversaciones verdaderamente absurdas, comenzando con una mesa inocente de la aldea, por ejemplo. A través de la conversación, aprendemos que esta mesa presentada en una de las historias puede usarse para casi cualquier cosa. “Podemos jugar a las cartas, sacrificar cerdos, tener despedidas de soltero y soltera. Y también vale para cadáveres". Toma eso, Ikea.

Basado en una historia corta de Zdravko Duša que, tal y como se dijo en la reciente entrevista con Cineuropa, aparentemente alentó al director a pensar en su propia familia, la película logra un equilibrio entre varios tipos de opuestos: entre realidad y ficción, verdad e invención, documental y un saludo al cine como el mejor narrador. Con verdaderos aldeanos, aparentemente miembros de la minoría eslovena, combinando frases previamente escritas con sus propias adiciones de manera tan perfecta que tal vez no sepan dónde termina una y dónde empieza la otra, es un juego lo suficientemente interesante para jugar, al menos por un tiempo, con la ayuda de la inclinación de Ivanišin por una ternura que se abre paso sutilmente en la película, como sin querer. Sin embargo, aunque intentes recordar a este hombre por varios días, no va a ser fácil. Ivanišin (u Oroslan) finalmente ríe el último, mientras te sientes culpable de tu fracaso.

Oroslan de Matjaž Ivanišin ha sido producida por Miha Černec y Jordi Niubo de  Staragara, coproducido por IO- in/out. Financiado con la ayuda del Slovenian Film Center, Viba film, Czech Film Fund y la ciudad de Máribor. Las ventas internacionales están a cargo de SlingShot Films.

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(Traducción del inglés por Alessandro Romano Sáez)

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