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LOCARNO 2019 Competición

Crítica: Vitalina Varela

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- Pedro Costa vuelve a Locarno con su última película, una oda sombría a un mundo que parece fascinarle hasta la obsesión

Crítica: Vitalina Varela

Cinco años después de haber recibido el premio Leopardo al Mejor Director (Horse Money [+lee también:
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), Pedro Costa ha obtenido el reconocimiento más importante del Festival de Cine de Locarno, el Leopardo de Oro, con Vitalina Varela [+lee también:
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. La película parece retomar una conversación que se dejó por la mitad en los sombríos suburbios de Lisboa, un lugar que el director ama incondicionalmente.

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Ver Vitalina Varela supone un desafío tan irritante como gratificante. Abrumados por una sensación indescriptible entre el rechazo y la admiración, salimos de la proyección del último trabajo del legendario director portugués Pedro Costa con la sensación de haber presenciado una masa oscura de tonalidades épicas, pese a la miseria que lo cubre todo.

Pedro Costa se centra en un personaje: Vitalina Varela, que ya apareció en su película anterior, Horse Money, pero donde no exploraba todos sus matices. “Esta es su película”, dijo el director cuando presentó a la actriz principal en el estreno. “Ella la escribió y la interpretó. Le pertenece a ella”. Una frase que resume el trabajo realizado por Pedro Costa durante muchos años: dar voz a los habitantes más desfavorecidos de una Lisboa que dista mucho de las imágenes ideales que muestran postales. Los personajes de Pedro Costa, sombras entre las sombras, cargan con el peso de una tristeza que el director insiste en compartir con ellos en una especie de ritual catártico llevado a cabo por una fuerza descontrolada. Y todo esto sin olvidar el rigor estético que hace único a su cine: una atmósfera sombría, una narración enrarecida y misteriosa, y temas complicados. Con Vitalina Varela, Pedro Costa confirma su estatus de director mítico.

Vitalina Varela, la protagonista caboverdiana de la película, llega a Lisboa demasiado tarde para despedirse de su marido, que acaba de fallecer y al que sólo ha visto dos veces desde que se marchó a Portugal en busca de una vida mejor. Tiene que reconstruir la vida cotidiana de un hombre al que ya no conoce y sus proyectos futuros, que parecen manchados de sangre en la almohada del fallecido. La vida que pudo haber sido, la de una familia reunida en Lisboa bajo un techo seguro, permanece en un estado germinal, como un sueño interrumpido por un despertar brusco.

Vitalina, encerrada en el intransigente claroscuro (excelente trabajo de Leonardo Simões) de una Lisboa laberíntica y triste, deambula por una tierra que parece más una pesadilla que un sueño. Desde las primeras imágenes (que muestran a la protagonista bajando del avión descalza, recibida por un molesto grupo de trabajadores de la limpieza), queda claro el tono surrealista de la película, la sustancia escondida detrás de este filtro: una Lisboa oculta y miserable que no pierde su poder.

La realidad sugestiva contada por Vitalina, confusa por el dolor de haber perdido no sólo a su marido sino también un futuro mejor, es radical en su tristeza desesperada, que se muestra en imágenes casi exclusivamente grabadas de noche, en un claroscuro que recuerda a Caravaggio.

Vitalina Varela transmite una gran desesperación que puede desalentar a muchos espectadores (los diálogos son muy escasos). Como una venganza contra sus opresores, Vitalina cuenta su historia sin tener en cuenta las expectativas de quienes la escuchan (o que la ven) e impone su ley. Esta es su historia, su película, su venganza personal y Pedro Costa es su portavoz.

Vitalina Varela ha sido producida por OPTEC Sociedade Óptica Técnica.

(Traducción del italiano)

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