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NEDERLANDS FILM FESTIVAL 2019

Crítica: The Miracle of the Little Prince

por 

- El documental de ritmo marcado de Marjoleine Boonstra establece conexiones entre el mágico universo de Saint-Exupéry y la realidad cotidiana de las culturas a punto de desaparecer

Crítica: The Miracle of the Little Prince

"El Principito no sabía que, para los reyes, el mundo está muy simplificado. Todos los hombres son súbditos”. Mientras el traductor tibetano Noyontsang Lhamokyab lee el texto en voz alta, nos preguntamos si Antoine de Saint-Exupéry se imaginaba el impacto que tendría su obra en la vida de Lhamokyab y sus compañeros en todo el mundo. Con The Miracle of the Little Prince [+lee también:
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ficha de la película
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, estrenada en la 31ª edición de IDFA y compitiendo actualmente en el Nederlands Film Festival (del 27 de septiembre al 5 de octubre), la directora holandesa Marjoleine Boonstra explora tanto la fragilidad como la importancia del lenguaje, mientras recorre los rincones de la Tierra para visitar diferentes culturas al borde de la desaparición. Todas estas sociedades tienen algo en común: consideran El Principito como un símbolo de su espíritu de resistencia. El libro ha sido traducido a más de 300 idiomas, convirtiéndolo en algo mucho más importante que un cuento atemporal.

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El documental de Boonstra comienza con fragmentos del libro infantil, para introducirnos en el universo de Saint-Exupéry. El Principito cuestiona el extraño mundo en el que se encuentra, interrogando a sus habitantes hasta encontrar respuestas que tengan algún sentido. Lo describe como si las personas que viven en la Tierra hubieran olvidado cómo han llegado a donde están. Boonstra traza conexiones al plantear preguntas como: ¿por qué ciertas lenguas, culturas y personas desaparecen mientras otras prosperan? La película nos invita a adoptar el punto de vista del Principito, consiguiendo que la situación actual nos resulte menos evidente.

La película se desarrolla a un ritmo muy concreto. Las secuencias de paisajes áridos y ciudades desiertas nos conducen lentamente hasta los hablantes bereberes de Marruecos, que intentan deconstruir la influencia árabe y explorar su propia cultura a través del lenguaje. A medida que la gente lee el libro, este se convierte en un espejo que refleja quiénes son realmente. Observamos los rituales cotidianos, como un hombre transportando ovejas en una moto, mientras un niño observa la escena desde las rocas, como un Principito que contempla un mundo alejado. Las tormentas de arena se convierten en tormentas de nieve a medida que avanzamos miles de kilómetros hacia el norte para conocer a la traductora sámi Kerttu Vuolab. "Los idiomas son como estrellas. Cuanto más miras al cielo, más estrellas puedes contemplar. Del mismo modo, cuanto más usas un idioma, más rápido empiezas a entenderlo”. De esta forma, la película nos ayuda a vislumbrar la realidad detrás del lenguaje: la pérdida de un idioma significa la pérdida de una forma específica de percibir el mundo.

Una lengua robada es como un territorio robado. Se trata de un hogar, una herencia para las próximas generaciones, ya sea física o emocional. La quietud extrema nos obliga a adaptarnos a un nuevo ritmo, donde el paso del tiempo nos permite contemplar la situación con una mayor perspectiva, a medida que las naciones y los pueblos surgen y desaparecen. La película de Boonstra consigue que uno se pregunte cómo se comportan las culturas entre sí, aludiendo a patrones de convivencia y a la incapacidad de las personas para entenderse en cualquier parte del mundo.

The Miracle of the Little Prince es una producción de la neerlandesa Pieter van Huystee Film, coproducida por la noruega Indie Film.

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(Traducción del inglés)

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