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ZÚRICH 2019

Crítica: Suicide Tourist

por 

- El danés Jonas Alexander Arnby firma una cinta de suspense con más drama que suspense, pero todo con mucha elegancia

Crítica: Suicide Tourist
Nikolaj Coster-Waldau en Suicide Tourist

La idea de que la nueva película de Jonas Alexander Arnby tratase el tema del “turismo de suicidios” (la controvertida práctica de llevar personas a lugares donde pueden acabar con sus vidas, normalmente con ayuda profesional) generó cierto ruido. Se proyectó en la glamurosa sección Gala Premieres del Festival de Cine de Zúrich, para después saltar al alegre caos de Sitges. Por otra parte, Suicide Tourist [+lee también:
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entrevista: Jonas Alexander Arnby
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no intenta esconder su temática (empezando por el título) ni su rareza, ni pretende trivializar una decisión tan desesperada y meditada. Tampoco te dice cuál será.

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Arnby (que vuelve a trabajar con el escritor Rasmus Birch, que también participó en su primera película, When Animals Dream [+lee también:
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, sobre una niña que asimila su hombre lobo interior) no parece muy interesado en hacer revelaciones sorprendentes, a diferencia de, por ejemplo, Make Me, una novela de Jack Reacher, de temática similar, que puede ser una referencia que el autor guardó para sí mismo. Más que resolver misterios elaborados, parece preocuparse por el dolor real que padecen las personas. Esta idea es palpable durante toda la historia gracias al ídolo de Juego de Tronos con inclinación a defenestrar niños, Nikolaj Coster-Waldau, y su interpretación conmovedora y nada glamurosa (que, en el caso de los hombres, suele significar marcos sobredimensionados de los años 70 y bigote), muy bien acompañado por Tuva Novotny. Sinceramente, hay tanto afecto e intimidad en sus interacciones en la pantalla, donde interpretan a una pareja feliz que ha dejado de serlo, que no necesitas todas las respuestas.

Aun así, está llena de preguntas que podemos plantearnos. Mientras indaga en la misteriosa desaparición de un cliente, el investigador de un seguro descubre un lugar poco común: el remoto Hotel Aurora, un resort de vanguardia en la montaña que no es exactamente un spa. Es un lugar donde las personas atormentadas no van a encontrar su zen interior, sino a morir. Predeciblemente, los pacientes sin cita no son bienvenidos pero el Max de Coster-Waldau está en una posición nada envidiable que ayuda a que su “petición sea admitida”; aunque el hecho de que una solicitud no pueda ser anulada, o pospuesta, tendría que haberle hecho sospechar.

Aunque las cosas podrían ir bien a partir de aquí, Arnby mantiene un semblante serio. Su acercamiento es contagioso, en especial cuando no hay escapatoria, y la consciencia de una pérdida inminente e inevitable puede ser más dura que la pérdida en sí misma. De este modo, prueba por segunda vez que el tropos del género funciona mejor combinado con emociones y batallas crudas y reales que todos podemos reconocer (y que un bigote no puede esconder). Veremos qué hace después.

Suicide Tourist es una coproducción entre Dinamarca, Noruega, Alemania, Francia y Suecia, llevada a cabo por Eva Jacobsen, Mikkel Jersin y Katrin Pors para Snowglobe, DCM, Mer Film, Charades, Film i Väst y Garagefilm International. Charades gestiona las ventas internacionales.

(Traducción del inglés)

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