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SITGES 2019

Crítica: El hoyo

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- El debut de Galder Gaztelu-Urrutia en el largometraje es una fábula orgánica y pesadillesca, bastante lograda y muy premiada, con un contundente mensaje político-social de fondo

Crítica: El hoyo
Iván Massagué en El hoyo

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es una película que no sólo posee en su trama una especie de sombría e infernal torre de Babel, a través de cuyas interminables plantas se desplaza verticalmente –por un agujero rectangular– una plataforma (sin paredes, por lo tanto no es un ascensor), sino que esa misma cualidad multicapa se transmite a su temática: bajo la apariencia de una fábula distópica y un thriller de ciencia-ficción se cobija un duro, complejo, crítico y elaborado alegato contra nuestra civilización inane, devoradora y egoísta, donde la ausencia de un justo reparto de riquezas parece conducirla al caos, la (auto) destrucción o algo inimaginable. Este primer paso en el campo del largometraje del bilbaíno Galder Gaztelu-Urrutia no ha podido empezar mejor, pues el film ha sido aclamado en los festivales de Toronto (Canadá), Austin (Estados Unidos) y Sitges (España), donde obtuvo cuatro importantes galardones (mejor película, director revelación, mejores efectos especiales y premio del público).

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El protagonista de El hoyo (cuyo título internacional es La plataforma: ambos nombres fueron barajados en principio por su equipo) es un hombre que accede a ingresar en una especie de cárcel vertical a cambio de cierto beneficio. Consigo sólo puede llevar un objeto y él elige un volumen de Don Quijote de la Mancha, la obra maestra de Miguel de Cervantes. Cuando despierta dentro de una celda de un sombrío edificio de hormigón, no sólo descubre a quien será su compañero de cubículo, sino que ambos están ocupando una posición determinada dentro de una cruel escala social, con internos habitando las plantas superiores y otros muchos, las inferiores.

En cada piso, de pocos metros y mínima decoración (apenas unos camastros y unos lavabos), permanecerán durante un mes, para cambiar luego a otro: tal vez hacia arriba, quizás hacia abajo. Sólo la referida plataforma, repleta de comida, les comunica: los manjares están disponibles durante unos minutos para deleite de los del nivel uno, para luego ir bajando con la misma cadencia temporal, a niveles inferiores, y así sucesivamente: dependerá en cuál habita cada personaje para comer o no ese día…

Con semejante argumento –obra de los guionistas David Desola y Pedro Rivero (Psiconautas [+lee también:
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)– Gaztelu-Urrutia ha construido una pesadilla claustrofóbica que, desde su minuto uno y gracias a una inspirada banda sonora de Aránzazu Calleja (Fe de etarras [+lee también:
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), transmite desasosiego, claustrofobia y angustia. Una fábula disfrazada de thriller de ciencia ficción que arremete contra el egoísmo generalizado, la apatía, la humillación laboral y social y otras muchas lacras que llevarán a la humanidad hacia su extinción. Todo ello lo hace el cineasta sin renunciar ni al misterio ni al humor. Mucho menos a perder de vista lo que El hoyo es: una película de género convertida en eficaz mensaje de movilización social. El público ya la está disfrutando, ahora sólo falta que se ponga en marcha.

El hoyo es una producción de Basque Films, en coproducción con Mr. Miyagi Films y Plataforma La Película AIE, con la participación de RTVE y EITB. Festival Films la estrenará en salas de cine españolas el próximo 1 de noviembre. Netflix ha adquirido los derechos para la distribución internacional del film, salvo en varios países asiáticos con los que Latido Films –su agencia de ventas– había cerrado acuerdos previos en el último Festival de Cannes.

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