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JIHLAVA 2019

Crítica: Aphasia

por 

- El ganador de la competición First Lights de Ji.hlava es un experimental documental ensayístico sobre la banalidad del mal en tres actos dirigido por Jelena Jureša

Crítica: Aphasia

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, de Jelena Jureša, es sin duda uno de los títulos más interesantes de la última edición del Festival Internacional de Cine Documental de Jihlava, donde se ha llevado tanto el premio principal de la sección First Lights, dedicada a óperas primas, como el premio del jurado estudiantil.

A través de una trama fragmentada, Aphasia enlaza diversos eventos históricos aparentemente inconexos: la historia colonial de Bélgica, bien conservada (incluso abiertamente celebrada) en el Museo Real; la ocupación de los Balcanes por parte de Austria y su problemática relación con el territorio, la consternación de los austriacos por el asesinato del Archiduque Francisco Fernando en Sarajevo, así como por la implicación de Kurt Waldheim, entonces Secretario General de las Naciones Unidas, en una investigación sobre su participación en las SS; o la historia del DJ más popular de Belgrado, protagonista de una de las fotos más infames de la guerra de Bosnia (donde aparece dando una patada en la cabeza a una mujer muerta). Todos estos acontecimientos tienen algo en común: dejan al espectador sin palabras, en un estado temporal de afasia, que consiste en la incapacidad de comunicarse. Esto se produce tras escuchar o leer acerca de actos de violencia extrema que quedan impunes, incluso normalizados, porque sus perpetradores se mantuvieron en una posición de poder: ya sea un país de Europa occidental, una monarquía, un secretario general de la ONU y presidente de Austria o un personaje popular de Belgrado que encaja con la ideología dominante y que mantiene una estrecha relación con una figura criminal intocable.

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Estamos ante un relato teatral y mordaz en el que se entrelazan la experiencia de visitar el museo de historia colonial belga, imágenes de archivo de la comparecencia de Kurt Waldheim en la ONU y el testimonio en primera persona de una mujer que recuerda al DJ de la icónica fotografía sobre la limpieza étnica en Bosnia (al que además se encontraba en los clubs nocturnos de Belgrado), Aphasia ofrece un retrato sobre la banalidad del mal. Ya sea mencionando los textos de Slavenka Drakulić, que argumentaba que calificamos a los perpetradores como "monstruos" simplemente para establecer una separación entre "nosotros" y "ellos", o citando a Hannah Arendt, que consideraba al criminal nazi Adolph Eichmann "un burócrata ordinario e insustancial", "aterradoramente normal", el mal nos resulta terrorífico precisamente porque es banal, ordinario y cotidiano. Pensar en los perpetradores como monstruos en lugar de como personas normales nos ciega ante nuestra propia capacidad para el mal, nuestros propios actos de violencia, ya sean grandes o pequeños.

Aphasia es una película totalmente consciente de este hecho. La incapacidad para hablar, para formular una oración completa que logre describir o explicar lo que sentimos, inspira la escena final de la película. En ella, la mujer que relata su experiencia con el DJ de Belgrado intenta ahogar su frustración con un baile, que ocupa casi un tercio de la película. En ocasiones, realmente no hay palabras que puedan hacer justicia a lo que intentan describir, pero Aphasia nos hace cuestionarnos la distancia que existe entre los supuestos monstruos y nosotros mismos.

La película es una producción de la compañía belga Argos.

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(Traducción del inglés)

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