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SEVILLA 2019

Crítica: La reina de los lagartos

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- ¿Se puede combinar con armonía y gracia la comedia romántica, la ciencia ficción, la transgresión y el humor absurdo en una película rodada en súper 8? El dúo Burnin’ Percebes demuestra que sí

Crítica: La reina de los lagartos
Bruna Cusí y Javier Botet en La reina de los lagartos

En una maravillosa secuencia de La reina de los lagartos Berta (rol interpretado por Bruna Cusí, descubierta para el mundo en Verano 1993 [+lee también:
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) explica a su hija Margot (la pequeña Margot Sánchez), ataviada ésta con un disfraz de dinosaurio, que la situación en casa va a cambiar porque una nave nodriza se llevará esa misma tarde a la última pareja de mamá: Javi, un príncipe extraterrestre. La pequeña escucha y asiente, porque comprende perfectamente, desde la ingenuidad y pureza infantil, de qué habla su progenitora. El espectador hará lo mismo, con la misma alucinada credibilidad. Porque a estas alturas del metraje ya habrá sucumbido al fascinante encanto naíf y orgulloso sentido de la extravagancia de la nueva película de Juan González y Fernando Martínez, cuyo nombre artístico no es otro que Burnin’ Percebes, film con tremenda obertura y de poco más de 60 minutos de duración que se presenta en la sección Revoluciones Permanentes del 16º Festival de Cine Europeo de Sevilla.

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Los responsables de Ikea2 y Searching for Meritxell en esta ocasión han rodado en diez días una cinta en Súper 8, con todo su grano, suciedad y desenfoque, y han confiado en el gran Javier Botet (recientemente homenajeado en Sitges por sus numerosos trabajos encarnando a figuras icónicas del género fantástico, como la tenebrosa niña Medeiros de la saga REC [+lee también:
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o la mismísima señora espectral del título en Mamá [+lee también:
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, de Andy Muschietti) que se meta en la piel de un alienígena venido al planeta Tierra para dejar su semilla y conseguir que su especie se propague invasivamente entre los humanos.

Semejante argumento marciano –tronchante pero con un poso amargo y terrible–, que hará las delicias y alimentará las fantasías pop de quienes añoren la mítica teleserie V y films como El planeta de los simios, los cutre Godzillas japoneses o las primeras cintas de Almodóvar, combina con asombroso descaro claves de la comedia romántica con la ciencia ficción y el costumbrismo español, donde sobresale –por su alta graduación desopilante– la discusión mantenida entre la madre moderna y tolerante con el rancio sacerdote que imparte la catequesis a la que acude su niña, por expreso deseo de la abuela materna.

Obviamente, quien busque academicismo perfeccionista, credibilidad argumental y rigurosa seriedad en la pantalla habrá salido huyendo del cine donde proyectan esta juguetona travesura fantasiosa en pos de la última película histórica de Alejandro Amenábar. No, La reina de los lagartos milita en otra liga: es una fiesta épica, un disparate orgulloso, una broma infinita, la enésima gozosa demostración de que el audiovisual y el humor (absurdo) no conocen límites, y el descaro underground y la creativa imaginación de algunos cineastas, tampoco.

La reina de los lagartos, filmada en toma única durante diez días, y con música “sinfónica” de Sergio Bertran, es una producción de Burnin’ Percebes, que también se han encargado del montaje y el guion.

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