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VISIONS DU RÉEL 2020

Crítica: Nous la mangerons, c’est la moindre des choses

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- La primera película de Elsa Maury nos sumerge en el día a día de una pastora, decidida a acompañar a su rebaño desde su nacimiento hasta la muerte

Crítica: Nous la mangerons, c’est la moindre des choses

Nathalie, una pastora de la llanura de Cevenas, aprende a matar a sus animales. Seguimos las acciones de una ganadera que quiere y se come a sus ovejas con cuidado. Se siente atrapada en su búsqueda incansable de una muerte digna para estos seres que nos alimentan. ¿Qué sabor tiene la ternura?

En un momento en que se cuestionan los métodos de matanza modernos, su violencia y su crudeza, la artista belga e investigadora en artes plásticas Elsa Maury sigue el aprendizaje de una joven pastora que se prepara para dar muerte a sus animales. Su primera película, Nous la mangerons, c’est la moindre des choses [+lee también:
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ficha de la película
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, que compite en la sección Compétition Internationale Moyens & Courts Métrages de la versión online del festival Visions du Réel, empieza con los gritos de una oveja desamparada. La seguimos en primer plano: sus balidos expresan su angustia. A sus pies, un cordero inerte. La película empieza por la vida, y por la muerte. Ambas se suceden durante el aprendizaje de Nathalie, de los partos a las matanzas.  

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Se encadenan escenas fuertes en torno al cuerpo de los animales. Por supuesto, hay partos y matanzas, pero también una escena desconcertante de una autopsia. Como en una naturaleza muerta, se disecciona el interior del animal. Los colores vivos y brillantes nos hipnotizan, al ritmo del discurso tranquilizador de la veterinaria, que busca las razones de una muerte para evitar otras. La escena, al principio repugnante, se convierte en fascinante, casi tranquilizadora, e inscribe el cuerpo del animal en un gran continuum.

Además, la misión de Nathalie parece tender a lo sagrado, al restablecimiento de un vínculo ancestral, a reconectar los vínculos entre las especies. “Yo quisiera otra muerte para mis ovejas, volver a los momentos más bonitos, más agradables”. Se impone una solución: “Matarlas yo misma”. ¿Qué idea está detrás de esta decisión? Hacer las cosas bien, y navegar al ritmo del ciclo de la vida. Criar bien. Matar bien. Comer bien.

Elsa Maury retrata de forma simple y eficaz la relación que se establece entre Nathalie y sus animales, una relación de solidaridad y de dependencia sana, ya que la pastora forma parte del rebaño. Desarrolla un informe orgánico de sus animales, ilustrado por la atención que presta a los ruidos de las bestias: además de los balidos, las respiraciones y la masticación. El informe también contiene el acercamiento directo a los cuerpos y a la carne, del parto al desmembramiento. El discurso es reducido al mínimo. El relato ha sido casi despojado del lenguaje. Pocos diálogos, excepto las conversaciones con los profesionales que acompañan a Nathalie en su aprendizaje de la muerte. Las palabras parecen limitarse a secuencias fundidas a negro, donde se escriben en silencio los interrogantes de Nathalie, que expresan en palabras sus sentimientos y emociones. A lo largo de la película, su relación con los animales se transmite de forma sensorial. Aquí no se razona, no se analiza, no se argumenta sobre la forma de matar a los animales, ni siquiera sobre la cuestión de si es necesario comerlos. Se experimenta. Se siente. ¿Se puede comer lo que se quiere?

La película tiene la capacidad de interrogarnos sobre nuestras costumbres: consumir carne animal no es un dato anodino. La película, al igual que la pastora y su rebaño, se fusiona con los animales y su criadora, y abre el diálogo entre sus cuerpos y los nuestros.

Nous la mangerons, c’est la moindre des choses ha sido producida por el Centre Vidéo de Bruxelles (Bélgica) y coproducida por Chuck Productions (Francia).

(Traducción del francés)

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