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SAN SEBASTIÁN 2020 Fuera de Competición

Crítica: Rifkin’s Festival

por 

- Woody Allen traslada al Festival de San Sebastián su vocación de agente de viajes, sus neurosis y su amor al cine (clásico), esa fantasiosa vía de escape que le salva de los cataclismos personales

Crítica: Rifkin’s Festival
Gina Gershon y Wallace Shawn en Rifkin’s Festival

¡San Sebastián, qué hermosa eres! Todo el que acude a la ciudad se enamora de ella locamente: de sus playas, sus calles añejas, su ambiente, su gastronomía, sus gentes… Woody Allen no iba a ser menos. Si ya se fascinó con París, Roma, Londres y Barcelona, entre otros lugares que inmortalizó en sus últimos films-postales, ¿por qué no seguir ejerciendo de operador turístico en un enclave tan fotogénico… y cinéfilo? Hasta la localidad vasca se trasladó el pasado verano –con Vittorio Storaro abusando del reflejo dorado– para rodar Rifkin’s Festival [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, que –como era de esperar, tras el apoyo recibido tanto del certamen como de las instituciones locales durante su filmación– es el título que abre la edición número 68º del Festival de San Sebastián.

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Y precisamente durante la celebración de este evento cinematográfico transcurre la película, donde su protagonista, el Rifkin del título (interpretado por el neoyorquino Wallace Shawn), llega acompañando a su mujer (Gina Gershon), una agente de prensa de un prometedor y moderno cineasta francés (Louis Garrel). Mientras ella está –demasiado– atareada con su trabajo (y su joven pupilo), él deambula errante por San Sebastián hasta que, gracias a su tozuda hipocondría, conoce a una doctora local (Elena Anaya). La comedia romántica está servida; el enredo sentimental –y la visita a los rincones más cucos del lugar–, también.

Pero el sátiro de Woody –con esa ligereza que los más veteranos fans le reprochan de sus últimos trabajos– no se toma en serio lo que cuenta en Rifkin’s Festival. Ridiculiza el mundillo festivalero, se mofa de los modernos, pretenciosos y revolucionarios autores del séptimo arte y reivindica el cine clásico, que tanto ama, especialmente el europeo. Ahí entrarán en escena sus “sueños de celuloide”, donde participa como un personaje más el propio Rifkin (obvio sosias de Allen, como lo era el personaje encarnado por Mia Farrow en La rosa púrpura de El Cairo) y que son recreaciones reconocibles de films de, entre otros, François Truffaut, Federico Fellini, Ingmar Bergman, Jean-Luc Godard y Luis Buñuel.

Con ese halo de nostalgia recorriendo todo el film, Rifkin’s Festival no es una película sobre el certamen donostiarra, sino sobre el propio festival que cada uno puede programarse mentalmente con los recuerdos de sus películas favoritas y que, como le sucede al protagonista de esta alegre e intrascendente comedia, nos ayudan a seguir adelante en esta existencia sin sentido, llena de contratiempos, traiciones, esnobismo, mentiras y expectativas incumplidas: el perfecto material para animar una charla desde el diván del psicólogo. Sí, ya lo saben ustedes, pura franquicia Allen. ¡Buen viaje!

Rifkin’s Festival es una producción de la compañía española The Mediapro Studio, la norteamericana Gravier Productions y la italiana Wildside. En España la estrenará, el 2 de octubre, la distribuidora TriPictures.

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