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NAMUR 2020

Crítica: Miss

por 

- Ruben Alves propone una inteligente comedia popular, una historia de autorrealización con un espíritu de aspiración a una sociedad más libre y menos binaria

Crítica: Miss
Alexandre Wetter (centro) en Miss

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, la ópera prima de Ruben Alves, preestrenada en el Festival Internacional de Cine Francófono de Namur, trata de la liberación de un chico que busca su luz en su feminidad, animado por la familia que ha elegido y que lo apoya en su arriesgada apuesta: conseguir el título de Miss France y, de paso, despertar algo de consciencia.

Desde su más tierna infancia, Alex (Alexandre Wetter) quiere convertirse en Miss Francia. Sin embargo, hay un problema, y no tiene que ver con la belleza, la gentileza o la necesidad irrefrenable de salvar el mundo. El problema es que Alex es un chico. Cuando se encuentra con un amigo de la infancia, que se ha convertido en campeón de boxeo gracias a su esfuerzo y a su ambición, se dice que todo es posible.

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Apoyado por su familia de corazón, los habitantes de un hogar gestionado por Yolande (Isabelle Nanty), una mujer de avanzada edad que lucha contra el patriarcado; una especie de zona marginal donde conviven un brillante travesti del bosque de Boulogne (Thibaut de Montalembert), costureras indias o jóvenes del barrio que sueñan con las start-ups, Alex llevará a cabo la transformación física y mental que le permitirá acariciar su sueño.  

Miss no es un drama psicológico sobre la identidad transgénero, ni un panfleto antipatriarcal sobre la representación sexista de las mujeres en la cultura popular y en los medios de comunicación, aunque algunos de estos elementos aparezcan en la superficie, sino un cuento de hadas moderno sobre el poder de la voluntad y de la importancia de creer en sus sueños.

Dicho así, se podría temer una cierta cursilería, pero no la hay. Alex aspira a vivir su feminidad fuera de toda definición binaria. Él no es una mujer nacida en un cuerpo de hombre, es un hombre que encuentra su luz en su feminidad. El género en disputa. Alex no quiere elegir y aparece el oxímoron, la “princesa que boxea”, como lo llaman los chicos del club donde es animador.

Evidentemente, observaremos la paradoja de ver a un joven que busca liberarse sumergiéndose de lleno en el “templo de la esclavitud de la mujer”, según el concurso Miss France. Aunque la institución kitsch de “la feminidad a la francesa” ha dado su consentimiento para aparecer en la película, mostrando cierta capacidad de reírse de sí misma, todo está hecho para que el espectador no sea incauto ante el hecho de que este tipo de concurso deriva de una sociedad ultraliberal y heteronormativa, que contribuye a alimentar a diario los mandatos contradictorios dirigidos a las mujeres, y a los que Alex deberá enfrentarse: sé fuerte y frágil, sexy pero no seductora, grande pero con pies pequeños.  

De manera implícita, la película también habla de la violencia sistémica hacia las mujeres, con el trasfondo de un universo amablemente anticuado que ofrece un envoltorio muy pop al proceso de liberación de Alex. Y también mucha bondad hacia el protagonista y hacia los miembros de su excéntrica familia, que nunca han hecho mal a nadie y que hacen de Miss un entretenimiento familiar que asume su lado de comedia feel-good para ofrecer una oda a la aceptación de uno mismo y de los demás, luminosa y alegre.

Miss ha sido producida por Chapka Films y Zazi Films en Francia, y coproducida por Belga Productions en Bélgica. Other Angle Pictures gestiona las ventas internacionales. Se estrenará el 28 de octubre en Francia (distribuida por Warner Bros) y en Bélgica (distribuida por Paradiso Films).

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(Traducción del francés)

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