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VARSOVIA 2020

Crítica: Post Mortem

por 

- Péter Bergendy prueba suerte en la cinta de terror histórica, pero aunque los efectos especiales de sus fantasmas sean muy logrados, su narrativa no lo es tanto

Crítica: Post Mortem
Viktor Klem en Post Mortem

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, del húngaro Péter Bergendy, estrenada en la 36ª edición del Festival de Cine de Varsovia, el impacto de las bolsas-máscara que llevan los habitantes debido a una epidemia de gripe española que asoló el pueblo en 1918 es indiscutible. La película se centra en un terror basado en los fantasmas atrapados en el limbo. Pero, más allá de la impactante premonición del cineasta (grabó la película entre finales de 2018 y principios de 2019), que recuerda al contexto actual de la pandemia del coronavirus, queda claro que su incursión en el género fantástico no cumple las expectativas de una presentación sorprendente.

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En el campo de batalla, Tomás (Viktor Klem), es dado por muerto debido a una explosión de artillería y enviado a una fosa común; pero un hombre lo ve respirando entre las filas de cadáveres y lo rescata del reino de los difuntos donde el soldado, inconsciente por la explosión, tuvo una extraña visión, la de una niña llamándolo para que vuelva a la vida. Seis meses más tarde, Tomás, convertido en un fotógrafo muy particular, ya que ofrece a los familiares la posibilidad de guardar un recuerdo de sus difuntos en una foto familiar donde los vivos y los muertos (maquillados y erguidos) aparecen juntos, ve materializada su alucinación en la persona de Anna (Fruzsina Hais), una huérfana de diez años a quien sigue a su pueblo, donde la tierra congelada impide el entierro de varias víctimas de la gripe española. El fotógrafo se pone a trabajar, alojado por la institutriz Marcsa (Judit Schell), pero el ambiente es pesado y paranoico “en tiempos tan terribles donde hay más muertos que vivos, y la Tierra es invadida por fantasmas…” Tomás y Anna deciden investigar la frontera del más allá, pero los acontecimientos se precipitan y los peligros aumentan a gran velocidad…

La película explora toda la colección de figuras retóricas del género: perros que ladran, gemidos ahogados que vienen de la nada, sombras malvadas, áticos y graneros que provocan ansiedad, muros permeables, agresiones invisibles, desdoblamientos, ataques furtivos o a gran escala, estratagemas para probar la existencia de fantasmas (cuerdas, campanas, harina en el suelo, camino de antorchas, placa fotográfica y fonógrafo, etc.). Desafortunadamente, aunque los efectos especiales están a la altura (con un final espectacular), la progresión narrativa es bastante laboriosa, repetitiva y confusa; y las escenas de angustia y terror a menudo se tornan guiñolescas. Y es una pena porque Post Mortem dispone de un material histórico interesante y de grandes virtudes con András Nagy en la dirección de fotografía, Gábor Balász en el sonido y Attila Pacsay en la música. Pero cuando en la gran pantalla se quiere conseguir “atormentar con la curiosidad y el miedo”, es importante saber asustar, de lo contrario corremos el riesgo de hacer reír a la gente…

Post Mortem ha sido producida por Post Mortem Film y Szupermodern Stúdio. NFI World Sales gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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