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VARSOVIA 2020

Crítica: Sous le béton

por 

- Con su primer largo, Roy Arida firma el anti-El gran azul siguiendo a un buzo que intenta superar un récord mundial para escapar de la presión de un nocivo Beirut

Crítica: Sous le béton
Alain Najm en Sous le béton

“Hasta 70 metros es viable, estás habituado y acompañado. Pero a 300 metros, el riesgo es enorme. ¿Cuántas personas se han sumergido a 300 metros? ¿Cuántas volvieron?” Sous le béton, el primer largometraje de ficción de Roy Arida (nacido en Beirut y graduado en la Fémis de París), se ambienta en el universo físico y realista de la inmersión submarina con oxígeno. La película se estrenó ayer en la sección 1-2 del 36º Festival de Varsovia y se proyectará el domingo en la sección Perspectives del 11º Festival Internacional de Cine de La Roche-Sur-Yon.  

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Un desafío audaz para un joven cineasta debido a las dificultades inherentes a las tomas submarinas, que suelen limitar este tipo de películas a superproducciones donde el mito triunfa sobre la realidad. Pero Roy Arida consigue sortear las dificultades y mantener el rumbo al centrarse en una línea intimista que roza el documental, sin renunciar al vasto mundo, el de una metrópolis libanesa tumultuosa y opresiva, y a las silenciosas profundidades acuáticas.

Anuncios de atentados suicidas en la radio, columnas de humo negro en el horizonte, atascos inextricables, agresión sonora permanente (sirenas, helicópteros, etc.), paisaje repleto de casas y de construcciones en curso, gente emborrachándose en los bares a orillas del mar, negociaciones difíciles en el día a día de una profesión exigente en cuanto a rapidez y adaptabilidad: Alain (Alain Najm) sólo se divierte en el club de submarinismo donde es instructor y en esos momentos de magia donde, en la impresionante calma submarina, puede cruzarse con una inmensa manta raya y escapar durante unas horas de una vida crepuscular en la superficie. Por pura pasión, por desagrado hacia su vida fuera del agua (“aunque no se vea nada a esa profundidad, es mejor que la realidad que nos rodea”) y por desafío personal existencial, da la espalda a las convenciones, a los patrocinadores, a los protocolos oficiales y a la eventualidad de la aprobación de su desempeño para adentrarse en territorio desconocido e intentar batir el récord del mundo de profundidad con oxígeno. Con su pequeño equipo empieza los preparativos de una operación minuciosa y arriesgada…

Pruebas de entrenamiento para una inmersión a 200 metros (de una duración de seis horas en total), distribución a lo largo del recorrido de tubos de repuesto, reducción del campo de visión con efecto túnel, cuerda para no soltarse, paradas de descompresión que se deben respetar a la vuelta, gestión del estrés y del miedo de unos y de otros: el realismo, la temporalidad y las fantásticas tomas submarinas firmadas por Arthur Lauters dotan a la película de una amplia gama de elementos de suspenso que el director utiliza con acierto para demostrar que, a pesar de contar con un argumento bastante sencillo fuera del agua (pero grabado con intensidad y presencia por el director de fotografía Jacques Girault) y de unos medios de producción modestos, tiene madera de cineasta puesto que no tiene miedo; un potencial que deseamos ver desarrollado con más medios.  

Sous le béton ha sido producida por Stank. Indie Sales gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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