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ROMA 2020

Crítica: Fortuna

por 

- A partir de terribles hechos reales, Nicolangelo Gelormini construye un primer largometraje en forma de cinta de terror cubista y surreal desde el punto de vista de un niño

Crítica: Fortuna

El 24 de junio de 2014, una niña de siete años llamada Fortuna Loffredo murió después de caer desde el octavo piso de un edificio en las afueras de Nápoles. Un vecino que abusaba habitualmente de ella, así como de otros niños, es acusado del crimen. Poco antes, en el mismo lugar, otro niño corría la misma suerte. ¿Cómo representar tal horror en una película? Esa es la pregunta que se planteó el director napolitano Nicolangelo Gelormini, licenciado en arquitectura y antiguo asistente de Paolo Sorrentino, que sintió la necesidad de contar esta historia en su ópera prima, transformándola con valentía en una especie de historia de terror surrealista y onírica, contada desde el punto de vista de una niña.

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Presentada en la 15ª Fiesta del Cine de Roma, Fortuna [+lee también:
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ficha del filme
]
resulta inquietante desde su primera secuencia: en medio de la geometría de unos populares edificios, observamos un carrusel desde el que sale catapultada una niña, como si fuera un marciano desde una nave espacial. Poco después, la misma niña (Cristina Magnotti) se despierta en su habitación, antes de reunirse en la cocina con su cariñosa madre (Valeria Golino), que le prepara la leche, y por su sonriente padre (Libero De Rienzo). Todo parece perfecto, pero la sensación de ansiedad es inmediata. Sus padres la llaman Nancy, pero su verdadero nombre es Fortuna. Solo una amiga suya, con quien se encuentra en la calle, la reconoce y sabe quién es en realidad. Desde hace algún tiempo, la niña asiste a la consulta de una psicóloga distraída y poco empática (Pina Turco). ¿Qué le ha pasado a Nancy/Fortuna? ¿Por qué no habla?

El segundo acto de la película invierte completamente la situación. La niña se llama Fortuna, la mujer distraída y dura resulta ser su madre, mientras que la psicóloga es amable y cariñosa. A partir de aquí, el espectador debe colocar las piezas en el lugar que les corresponde, para construir un rompecabezas que se vuelve cada vez más perturbador, desarrollándose en los callejones de ruinosos bloques suburbanos, entre las miradas turbias de los adultos, la connivencia de padres perturbados y las fantasías de los niños, necesarias para soportar tanta obscenidad e inmundicia. La historia de una princesa llegada de otro planeta que lucha contra Gigantes se entrelaza con una aterradora realidad que, en su puesta en escena, se acerca al cine de terror, con apariciones repentinas y un constante sentimiento de angustia. Lo indecible tiene lugar fuera de plano, en un espacio oscuro donde el espectador es libre de completar lo que desee.

Con su estructura fragmentada y onírica, Fortuna parece reproducir la mirada de la niña sobre su intolerable vida cotidiana, tan espantosa que es imposible representarla. El director, junto con el coguionista Massimiliano Virgilio, decide darle una segunda oportunidad a su desgraciada protagonista a través del cine, creando una película surrealista, compleja y arriesgada que dividirá al público, pero cuyo impacto emocional resulta innegable, aunque requiere algo de tiempo para que sus ideas asienten y puedan ser comprendidas.

Fortuna es una producción de Dazzle Communication junto a Indigo Film y Rai Cinema, con el patrocinio oficial de Save the Children. True Colours se encarga de las ventas.

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(Traducción del italiano)

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