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VIENNALE 2020

Crítica: Zaho Zay

por 

- La francesa Maéva Ranaïvojaona revisita sus raíces malgaches y concibe una compacta obra híbrida con elementos del documental y de una ficción estilosa y pesadillesca

Crítica: Zaho Zay

Una mujer malgache está sentada frente a una casa en ruinas, con la mirada perdida en la inmensidad de la selva marchita frente a ella. “Estoy esperando para volver a verte”, susurra una voz en francés, mientras la cámara se fija en la distancia, como si esperara ver aparecer algún tipo de salvación surgiendo de la espesura. “Tú”, una misteriosa figura paterna sin nombre. Un criminal y posible asesino, que será encarcelado en el mismo lugar donde trabaja su hija como guardia de prisiones. Un enfrentamiento ineludible a punto de suceder. Un conflicto y un sentimiento de curiosidad que se apoderan de los pensamientos de la mujer.

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"Zaho zay" ("soy yo") es la expresión que los reclusos gritan cada mañana mientras se reúnen en el patio de la prisión. Es también el nombre escogido por la cineasta francesa Maéva Ranaïvojaona y su compañero austríaco Georg Tiller para esta cinta experimental, proyectada en la sección de largometrajes de la 58ª edición de la Viennale.

Aunque Zaho Zay [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
cautiva por su mezcla de realismo y fantasía, lo cierto es que el origen de la película se encuentra en otro proyecto en el que estaban trabajando Ranaïvojaona y Tiller en Madagascar, durante la primera visita de Ranaïvojaona a la isla desde su infancia. Originalmente, se trataba de un corto sobre la vida en prisión, pero el metraje fue reutilizado para Zaho Zay. Considerando que Ranaïvojaona es hija de la isla y su cultura, aunque ajena a ella, el montaje de la película muestra una visión polifacética. Nos encontramos a una persona dividida, familiarizada con su entorno pero al mismo tiempo desconectada de él.

En esencia, la película escapa a cualquier tipo de sinopsis coherente. Los hilos narrativos son cortos y apenas están entrelazados. El metraje documental de los presos, las imágenes de los niños en las calles, los trabajadores en los campos de caña y las celebraciones locales se mezclan con visiones fantásticas y pesadillescas sobre el hombre al que la mujer identifica como su padre (interpretado por el tío de Ranaïvojaona). La voz en off de la mujer conecta todos estos elementos, con una narración que aporta a las imágenes un arco argumental impreciso.

Junto a los monólogos escritos por el poeta malgache Jean-Luc Raharimanana, los elementos visuales y acústicos de la película forman una simbiosis de poesía visual y lírica. Raharimanana, que a menudo aborda la situación de pobreza y corrupción que vive su tierra natal, aporta una reflexión crítica a estos temas. “¿Cómo puede uno existir cuando este país destroza a sus propios hijos?”, se pregunta la mujer.

El crimen y la devastación que la rodean reflejan la imagen de su padre. "Tú, mi padre, eres el esquivo". Estas secuencias oníricas nunca nos llevan a ver al padre dentro de los límites reales de la prisión. En su lugar, nos dejan preguntándonos: ¿Es el padre simplemente un fantasma? ¿Un trauma emocional reprimido? ¿O realmente hay un hombre peligroso que anda suelto? La película parece sugerir que el país opera con esa misma aleatoriedad. La situación es tan terrible que hasta la jungla de la secuencia inicial comienza a arder.

Esta mezcla de fantasías de pesadilla y observaciones documentales puede resultar a veces un poco inestable, en lo que se refiere a la ejecución y la dirección, pero Ranaïvojaona y Tiller logran ofrecer una visión impasible sobre la vida y las dificultades de la gente de Madagascar, un mundo habitualmente ajeno para la mayoría de los espectadores de la película.

Zaho Zay es una producción de Subobscura Films, Katrafay Films y Tomsa Films. Subobscura Films se encarga de la distribución.

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(Traducción del inglés)

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