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SEVILLA 2020

Crítica: Walden

por 

- Bojena Horackova revisita una historia de amor de juventud y de elecciones complicadas en la Lituania entre dos mundos de 1989, justo antes de la caída del Muro de Berlín

Crítica: Walden
Laurynas Jurgelis y Ina Marija Bartaite en Walden

“¡Oh, mi Lituania! Como la salud, sólo quien te pierde reconoce tu valor y belleza. ¡Yo veo y voy a describir hoy todos tus encantos, patria mía! Y a cantar mis lamentos y mis lágrimas”. Estos versos, extraídos del poema Pan Tadeusz, del polaco Adam Mickiewicz, dan el tono adecuado a Walden [+lee también:
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ficha de la película
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, la nueva película de Bojena Horackova, cineasta europea sin fronteras, que nació en Bulgaria y vivió en Checoslovaquia, antes de instalarse en París. En efecto, la cineasta presenta un regreso nostálgico a Europa del Este, a Lituania, unos meses antes de la caída del Muro de Berlín, a través de una historia de amor juvenil atrapada en las circunstancias históricas. La película fue seleccionada por la sección ACID del Festival de Cannes 2020, por la Secret Screening de Locarno y acaba de proyectarse en la sección New Waves de la 17ª edición del Festival de Sevilla.

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“No hay futuro. Sólo existe el presente”. Para Paulius (Laurynas Jurgelis), no hay ningún cambio que esperar, en el nuevo año de 1989, en Vilna, excepto el sueño de exiliarse en Alemania. El joven, que vive hacinado con sus padres y su abuela en un pequeño apartamento, ha abandonado los estudios en beneficio del mercado negro de divisas en las puertas de los hoteles. Cuando Jana (Ina Marija Bartaite), una chica guapa, inteligente y con un padre médico que trabaja en un hospital conoce a Paulius, piensa que las cosas están a punto de cambiar en el país y hace circular copias prohibidas de la novela Vilnius Poker, de Ričardas Gavelis. Entre estas dos personalidades distintas, presentadas por su amigo Lukas (Mantas Janciauskas), surge un idilio en un entorno donde deben hacer frente a dificultades (intimidad complicada, vigilancia de un Estado policial, escapadas a la naturaleza). Pero cuanto más riesgo corre Jana por el amor de Paulius, más difieren sus perspectivas de futuro, ya que la joven puede obtener con facilidad una visa para París, pero su novio no. Además, las motivaciones reales del chico se vuelven confusas, como señala Lukas: “al principio, pensaba que nuestros trucos eran una manera de hacer política, pero después comprendí que eran sólo tráfico”.

Walden, que combina los flashbacks con el regreso a Lituania, años más tarde, de Jana (Fabienne Babe) y su periplo, en compañía del polaco Jakub (Andrzej Chyra), por los recuerdos de su amor del pasado, se articula en torno a la idea de “lo triste que es ver que las personas que en el pasado vivían con la esperanza puesta en el futuro, una vez que ese futuro ha llegado, buscan la esperanza en el pasado”. Una mirada retrospectiva algo nostálgica (guionizada por la directora con Marc Cholodenko y Julien Theves) y muy bien escenificada (mención especial a Eitvydas Doskus y Agnès Godard en la fotografía) que da especial importancia a una especie de inocencia perdida y a la intensidad inalterable de los recuerdos personales secretos, donde destacan el encanto de sus jóvenes intérpretes y la calidad de la reconstrucción de la atmósfera de la época.

Walden ha sido producida por Cécile Vacheret para Sedna Films (que también gestiona las ventas internacionales) y coproducida por Tremora, Studija Kinema y Le Fresnoy.

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(Traducción del francés)

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