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IDFA 2020

Crítica: The Last Hillbilly

por 

- El documental de Diane Sara Bouzgarrou y Thomas Jenkoe regala al espectador un vistazo poético, enigmático y desconcertante a una familia que vive en el corazón de los Apalaches

Crítica: The Last Hillbilly

“Así que quieres saberlo todo sobre los montañeses. Bueno, lo sabes y no lo sabes, porque tú ya conoces a los montañeses. Tienes todas las historias que cuentas, los libros que has leído… Todos saben que somos ignorantes, analfabetos, pobres, violentos, racistas, endogámicos… Y todo es cierto”, dice Brian Ritchie, que afirma ser el “último montañés”, mientras habla directo a la cámara. Dicha afirmación se produce en el minuto 20 del documental The Last Hillbilly, de Diane Sara Bouzgarrou y Thomas Jenkoe, que recibió la etiqueta ACID en Cannes 2020 y ahora se estrena en la sección First Appearance del Festival Internacional de Documentales de Ámsterdam (IDFA).  

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Estamos en Talcum, en el este de Kentucky. Durante décadas, la familia de Brian ha vivido en el corazón de los Apalaches. La película, que se divide en tres capítulos titulados “Bajo el árbol familiar”, “La tierra baldía” y “La tierra de mañana”, se compone de episodios únicos que poco a poco explican la vida sencilla y, a la vez, complicada de Brian y su familia, marcada por las tensiones entre la herencia de un pasado legendario y el inevitable proceso de modernización —y digitalización—, que golpea a su tierra natal de forma mucho más tardía que en otras partes del mundo. En una escena, Brian afirma que, en la infancia, tuvo la suerte de ser “el último niño libre de Estados Unidos”, y habla de los años 90 y de la educación estricta de sus padres como algo tan remoto como la época del lejano Oeste. Cree que formaba parte de “otro mundo”, un mundo que nunca experimentarán ni comprenderán los niños que lo escuchan en torno a la hoguera.  

El documental cuenta con la voz en off de Brian, pensativa y muy lúcida, mientras intenta conectar su estilo de vida actual, duro pero inmerso en la naturaleza, y el de tres generaciones anteriores a él, formadas por colonizadores y montañeses independientes. De forma desordenada pero absorbente, los directores ofrecen la representación de un mundo desaparecido que quizás se hubiera beneficiado de una estructura narrativa más coherente e inteligible. La vida de la familia en la montaña, grabada por Jenkoe, se presenta mediante imágenes que parecen producto de una academia, probablemente con el propósito de representar un microcosmos anclado en la década de 1930, cuando surgió dicho formato. Además, la soledad, los paisajes escarpados y los animales, tanto de compañía como de caza, protagonizan planos largos y contemplativos. La desolación y el aislamiento de estos lugares también se refleja muy bien en la inquietante música de Jay Gambit, que acentúa la narrativa de un universo decadente. Este ambiente sombrío es brevemente iluminado por las conversaciones e interacciones entre los niños que, con timidez, intentan imaginar un futuro fuera de Talcum o, al menos, persiguen ambiciones y profesiones distintas a las de sus ancestros.

The Last Hillbilly ha sido producida por la compañía con sede en Marsella Films de Force Majeure. The Party Film Sales gestiona las ventas internacionales. New Story se encarga de la distribución.

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(Traducción del inglés)

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