email print share on Facebook share on Twitter share on reddit pin on Pinterest

SUNDANCE 2021 Indie Series

Crítica serie: Metro veinte

por 

- La serie de María Belén Poncio y Rosario Perazolo Masjoan sigue a una chica de 17 años en silla de ruedas que explora su propia identidad y que se rebela contra el paternalismo de la sociedad

Crítica serie: Metro veinte
Marisol Agostina Irigoyen en Metro veinte

Las directoras argentinas Maria Belen Poncio y Rosario Perazolo Masjoan han escrito y dirigido Metro veinte, una nueva coproducción entre Argentina y Francia presentada en la sección Indie Series del Festival de Sundance.

La serie juvenil es un proyecto transmedia, compuesto de seis capítulos en 16:9 y cuatro experiencias 360/3D RV, que forma parte del programa New Frontier. Mientras las experiencias de RV se centran en las emociones del personaje principal y en el clímax sensorial, esta crítica se centrará en los seis episodios en 16:9. La historia de Metro veinte está ambientada en la ciudad argentina de Córdoba y gira en torno a Juana (interpretada por la talentosa Marisol Agostina Irigoyen), una chica de 17 años en silla de ruedas que se avergüenza de su cuerpo y está harta del continuo paternalismo de la sociedad hacia ella. Seguimos a Juana durante su último año de secundaria, mientras explora su propia identidad y hace dos amigos nuevos Julia (Florencia Licera) y Efe (Marcio Ramses).

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

Desde el principio, la serie destaca por el carisma de la actriz protagonista que, poco a poco, intenta encontrar su lugar en un mundo que todavía se muestra reacio a aceptar la diversidad o simplemente le asusta. Sin embargo, el vínculo con Julia y Efe la hace más fuerte y la ayuda a hacer escuchar su voz. A pesar de su corta duración (la serie completa, a día de hoy, dura menos de 80 minutos), la escritura y la dirección ofrecen un análisis exhaustivo de los conflictos internos de Juana y su relación con su familia y amigos. Sin embargo, muestra poca profundidad narrativa al retratar las peleas entre Juana, sus compañeros y sus profesores (el conflicto principal es iniciado por el director, que rechaza las peticiones de sus estudiantes para implantar la asignatura de educación sexual). En particular, las discusiones acaloradas con los profesores parecen bastante aceleradas y poco orgánicas, por lo que quizás otras formas de escritura que profundizaran en los motivos de los profesores hubiesen mejorado la calidad de la serie, destacando su admirable mensaje empoderador. Además, parte del argumento aborda el delicado tema del aborto, un tema muy importante en un país latinoamericano católico, donde fue legalizado (hasta la semana 14 de embarazo) hace unos días.

En general, la dirección es brillante y comprometida, sin partes lentas ni desvíos sin sentido. La incorporación de efectos visuales luminosos y coloridos en la postproducción, que a menudo superponen las imágenes, también ofrece un toque bonito, que permite explorar la imaginación de la chica y su mundo de ensueño. La conclusión de la serie puede parecer algo abrupta (más que un final de temporada parece la clausura de un segmento narrativo) pero, por fortuna, habrá tiempo de desarrollar la historia de Juana en futuros episodios. En definitiva, la serie es una producción agradable y oportuna, que posee las cualidades adecuadas para atraer a un público adolescente y juvenil.

Metro veinte ha sido producida por Detona Cultura, Realidad 360 Argentina, MalditoMaus, Stormur, Red Corner y ARTE.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

(Traducción del inglés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy