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IFFR 2021 Competición Tiger

Crítica: Destello bravío

por 

- Ainhoa Rodríguez firma una inmersión alucinante en la Extremadura profunda, donde sus mujeres ansían liberarse del yugo patriarcal a la vez que disfrutan de sus animadas reuniones solo para chicas

Crítica: Destello bravío

El póster de Destello bravío [+lee también:
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, primer largometraje de Ainhoa Rodríguez, que se estrena mundialmente en la Competición Tiger del 50º Festival Internacional de Cine de Róterdam, es uno de los más sugerentes y hermosos que recuerda últimamente este cronista. En él aparece una figura femenina dibujada que sostiene un cigarrillo en una mano y un dulce típico extremeño en la otra, mientras de su cabeza abierta por arriba emerge una jaula con una llama dentro: resulta imposible sugerir mejor los matices de esta película que con esta ilustración, obra de Santiago Cubides y Bea Riber López.

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Interesantes temas aborda la cineasta, nacida en Madrid pero criada en la provincia de Badajoz: allí ha rodado este film que estalla, como señala el título, también en la cabeza del espectador. Porque nada dentro de él –ni fuera, como ese cartel antes señalado– se ajusta a las normas, ni narrativas ni de género: ¿Es documental o ficción? ¿Alegato feminista o reivindicación de la indefinición? ¿Apela a la tradición o sucumbe al progreso? ¿Es naturalista o surrealista? ¿Retrato social o fantasía libre? ¿Exalta la vida rural o denuncia las crueldades de la España vaciada? Que lo decida quien lo vea...

Rodríguez ofrece al público todas esas posibles lecturas, a partir de la exposición de unos planos muy bellos donde aparecen enmarcados distintos personajes con sus propias historias, encarnados por actores y actrices no profesionales. Con un potente componente onírico que la distancia de Meseta [+lee también:
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de Juan Palacios, otra película que también mostraba los rincones menos explorados del ruralismo español, Destello bravío, como aquella obra, se acaba instituyendo en algo exótico, pues esos lugares y pobladores que retratan cada vez ocupan menos espacio en los medios de comunicación: sólo el cine –sobre todo el documental– parece volver su mirada hacia esos paisajes olvidados que parecen estancados en el tiempo.

Con sumo respeto hacia sus gentes, pero sin descuidar la ironía y el humor, Rodríguez ha combinado en este debut la música psicodélica con las canciones tradicionales de Tierra de Barros (comarca donde transcurre), la religiosidad de su Semana Santa con la complicidad femenina de las asociaciones de vecinas (auténticos festines de liberación verbal… y hasta sexual) y la rabia por hechos pretéritos abominables con la empatía más contagiosa. Todo ello convierte a esta obra en un film dual, que fascina por momentos y desconcierta en otros, sorprende por su valentía y da alas a su personajes, sobre todo cuando el resplandor al que alude su título se vislumbra en sus existencias, tan necesitadas de un estímulo luminoso que les libere de yugos ancestrales (sin desvincularse de sus reivindicables, identitarias y defendibles tradiciones).

Destello bravío, con guion de su directora, es una producción de Tentación Cabiria y Eddie Saeta (de Lluís Miñarro), que también gestiona sus ventas internacionales.

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