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PELÍCULAS / CRÍTICAS Italia

Crítica: El último de los Paradiso

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- Ambientada en el cruel mundo campesino de la Apulia de los años 50, la cinta original de Netflix dirigida por Rocco Ricciardulli está coescrita, interpretada y producida por Riccardo Scamarcio

Crítica: El último de los Paradiso
Riccardo Scamarcio en El último de los Paradiso

No hay muchas películas italianas con un carácter más local que la cinta que acaba de estrenar Netflix en todo el mundo. Ambientada en el rural de Apulia en los años 50, y filmada principalmente en el dialecto de la zona, El último de los Paradiso [+lee también:
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ficha del filme
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, de Rocco Ricciardulli, está preparada para mostrar al público mundial un retrato de la cultura rural atrasada que caracterizó al sur de Italia a mediados del siglo XX, y que giraba en torno a la explotación, la opresión y la violencia. Inspirada en una historia real que el director de Lucania descubrió cuando era niño, a través de los cuentos de su madre, la película está coescrita y producida por Riccardo Scamarcio, que también se mete en la piel del desafortunado protagonista, el granjero Ciccio Paradiso.

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Nos trasladamos a un pequeño pueblo de Apulia en el año 1958. Ciccio es un hombre indomable, tanto en el trabajo como en sus emociones. Está casado con Lucía (Valentina Cervi), con la que tiene un hijo pequeño, pero mantiene una relación secreta con Bianca (Gaia Bermani Amaral), la hija del despiadado terrateniente Cumpà Schettino (Antonio Gerardi). Ciccio sueña con escapar con Bianca para empezar una nueva vida en el norte, al igual que hizo su hermano Antonio antes que él, ya que no puede seguir soportando ser explotado por terratenientes sin escrúpulos. Por eso, mientras planea su fuga, Ciccio incita a sus compañeros a rebelarse contra Cumpà Schettino y otros especuladores como él. “Nosotros trabajamos la tierra, así que nosotros decidimos el precio”, es el lema al que se aferra Ciccio, que se convierte en un personaje cada vez más molesto dentro de este mundo estático y arcaico. Desgraciadamente, su valentía y temeridad no los llevará muy lejos.

El amor y la pasión, la rebelión contra un sistema injusto, la emigración, la nostalgia y la emancipación femenina son los temas presentes en esta oscura historia, que comienza con un tono rigurosamente realista antes de desviarse hacia un territorio más abstracto y alegórico que el director no logra mantener hasta el final. Aunque los puntos fuertes de la película son la inmersión atmosférica en el sur rural de Italia (reforzada por la decisión de Ricciardulli de emplear el dialecto local, que los actores dominan a la perfección) así como su retrato crudo y salvaje del ser humano, lo cierto es que la historia resulta algo básica y, lamentablemente, no logra conectar con el público.

Durante la segunda parte de la película, en la que cambiamos inesperadamente de escenario y protagonista, la historia parece perder su ritmo y consistencia al retratar el doloroso regreso a casa de un personaje taciturno e impenetrable, cuyas motivaciones no están del todo claras. Unas motivaciones con las que los emigrantes italianos que viven repartidos por todo el mundo, algunos de ellos provenientes de pequeños pueblos del sur como el de Ciccio, y que tienen la oportunidad de seguir esta historia en Netflix, podrían estar familiarizados y, con suerte, sentirse identificados.

El último de los Paradiso es una película original de Netflix en colaboración con Mediaset. La cinta es una producción de Lebowski y Silver Productions, disponible en la plataforma de streaming a partir del 5 de febrero.

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(Traducción del italiano)

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