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BERLINALE 2021 Encounters

Crítica: Moon, 66 Questions

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- BERLINALE 2021: La directora griega Jacqueline Lentzou firma una cinta única sobre un duro tema, haciendo gala de un enfoque juguetón y unas interpretaciones dignas de Óscar de sus dos protagonistas

Crítica: Moon, 66 Questions
Lazaros Georgakopoulos y Sofia Kokkali en Moon, 66 Questions

Dos de las estrellas en ciernes del cine griego, la directora y guionista Jacqueline Lentzou y la actriz Sofia Kokkali, ya habían colaborado previamente en un aclamado cortometraje merecedor del Premio de la Crítica en Cannes en 2018, Hector Malot: The Last Day of the Year. Ahora estrenan en todo el mundo el primer largometraje de Lentzou, Moon, 66 Questions [+lee también:
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, en la sección a competición Encounters, en la Berlinale.

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Kokkali interpreta a Artemis, una joven que regresa a Atenas para ocuparse de su padre, Paris (el experimentado actor Lazaros Georgakopoulos, visto por última vez en Free Subject [+lee también:
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), después de que este hubiera desaparecido y luego lo encontrasen misteriosamente unos días más tarde en su coche, deshidratado y sin recordar nada de lo sucedido. El shock parece haber desencadenado una esclerosis múltiple que a duras penas permite al antiguo jugador de baloncesto caminar o incluso controlar los músculos.

Paris vive en una casa que “él mismo decidió construir en mitad de la nada”, como dice uno de sus hermanos. Estos, junto con sus cónyuges e hijos, acompañados de la madre de Paris, se sientan a la mesa en el porche de la casa, al estilo de un comité de sabios, para entrevistar a una enfermera que no habla griego con miras a contratarla como cuidadora, mientras Artemis, ya agotada tras la sesión de terapia física con su padre, se ofrece a ir a comprar helado.

Este tipo de momentos, absurdamente cómicos, escasean en el film, pero subrayan la jocosa naturaleza de una película por otro lado emocionalmente compleja. La madre de Artemis, divorciada, no ofrece ninguna ayuda; solo atisbamos a ver el perfil de su cabeza por detrás, coronada por el mismo pelo color rojizo que su hija, hasta que hacia el final de la película se produce un hecho revelador clave. Hay otra persona que se pasa de vez en cuando a visitar a Paris, un anciano llamado Iakovos (Nikitas Tsakiroglou), que parece ser un amigo suyo si bien actúa de manera inesperada, algo que ni Artemis ni el público alcanzan a comprender del todo.

Nuestra heroína está en pleno proceso de crecimiento y es incapaz de encontrar un equilibrio adecuado entre su espíritu todavía infantil y la responsabilidad que le ha caído encima. Un momento está dando botes al ritmo de “Freestyler” en el garaje y, al siguiente, está cambiando los pañales a su padre, tras lo cual se desploma sollozando entre las sábanas.

Su viaje de transición a la edad adulta y el acercamiento a su padre, que apenas se comunica y mata el tiempo viendo deporte en la televisión, se fragmenta a través de la narración y el enfoque de la directora. Lentzou yuxtapone imágenes en VHS de finales de la década de los 90, que a posteriori descubrimos que son vídeos encontrados por Artemis en la casa, con el propio diario de nuestra heroína reproducido en una voz en off. Las imágenes borrosas de varios sitios visitados por Paris tienen su contrapunto en las palabras de Artemis, que subraya los hechos históricos importantes acaecidos en esos días en concreto al tiempo que cuenta las fases lunares.

Lentzou emplea imágenes de cuatro cartas del tarot para delimitar cada capítulo, a veces se centra en detalles como en una caja de comida para llevar con un menú a medio comer o en películas vistas a través de una lupa, subrayando así la juventud de Artemis. Esta jovialidad contrasta con un enfoque de estilo casi documental sobre los dos personajes y sus interacciones, dando como resultado una película que deja un sabor de boca íntimo y, a la vez, artificial.

Kokkali y Georgakopoulos ofrecen unas interpretaciones merecedoras de Óscar. La actriz se entrega por completo a su personaje y el espectador puede imaginarse fácilmente que ha vivido experiencias similares en su propia piel, especialmente porque el film comienza con las palabras “Una película de Jacqueline Lentzou con Sofia Kokkali”. Su interpretación es cerebral y física, mientras que por su parte el experimentado actor que le da la réplica empleó una técnica corporal única que permite movimientos musculares involuntarios con la que ha alcanzado unas cuotas de calidad inimaginables.

Moon, 66 Questions es una coproducción entre la compañía productora griega Blonde Audiovisual Productions y la francesa Luxbox, que también se encarga de gestionar los derechos internacionales.

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(Traducción del inglés por Marcos Randulfe)

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