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BERLINALE 2021 Competición

Crítica: Petite Maman

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- BERLINALE 2021: Céline Sciamma conmueve con su quinta película, firmando una historia sencilla que se antoja tan íntima que bien podría ser un amigo al que no veíamos hace tiempo

Crítica: Petite Maman
Joséphine Sanz y Gabrielle Sanz en Petite Maman

Céline Sciamma, reconocida principalmente por sus retratos de mujeres, parece “entender” también a los niños. O tal vez simplemente lo recuerda todo: lo que se siente, cómo ven las cosas y cómo les duelen. La cineasta, que también estuvo detrás del guion de La vida de Calabacín [+lee también:
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, nunca habla de la infancia como suelen hacerlo los adultos al llegar a ese punto en sus vidas, convirtiéndolo en algo que nunca fue. Por el contrario, Sciamma se pone a su nivel, dejándolos ser quienes son en realidad. Con Petite Maman, una pequeña maravilla estrenada en la competición principal de la Berlinale, uno siente que vuelve a tener ocho años, con todas las ventajas y limitaciones asociadas a esta edad, asustados a causa de una pantera negra (¿o es solo una sombra?) que acecha junto a la cama por las noches. Y tratando de olvidar la saga Critters y su tendencia a convertirse en bolas carnívoras. Gracias, Céline Sciamma, por recordarnos todo eso.

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Todo comienza con la pequeña Nelly (Joséphine Sanz), que mantiene su tradición de despedirse de todos los ancianos de una residencia que conoce muy bien, presumiblemente porque ha visitado muchas veces allí a su abuela. Sin embargo, esta vez es diferente. Son las últimas despedidas, porque la abuela de Nelly ya no está. Desde aquí, pasamos directamente a la casa donde su madre (Nina Meurisse) pasó su infancia, un lugar que ahora deben recoger. Este proceso es una de esas experiencias sobre las que resulta muy difícil hablar, y Sciamma lo maneja con gran delicadeza, a medida que aparecen libros antiguos y cuadernos de infancia olvidados. Tal vez ese sea el momento en el que se termina realmente la infancia de las personas. Guardada en algún lugar, ya sea en áticos o en sótanos, donde tienen vida propia, al estilo de Toy Story.

Esta confrontación duele, no hay forma de evitarlo ni de prepararse. Es mucho para asimilar, y la madre de Nelly decide marcharse de repente, dejándola allí con su padre. Sin embargo, Nelly, una de esas niñas que siempre parece percibir más de lo que les gustaría a los adultos que la rodean, no está realmente sola, al menos después de conocer a Marion, una niña de su edad con la que se encuentra en el bosque mientras busca la famosa cabaña de infancia de su madre. Tan solo necesitan unas pocas palabras para forjar una amistad, sellada con una visita rápida a la casa de Marion, que, curiosamente, parece muy familiar.

No hay necesidad de revelar nada más. Lo que realmente destaca de la película es el deseo que tienen a veces los niños por conocer realmente a sus padres. Conocerlos de verdad, no solo por las anécdotas que comparten de vez en cuando, repetidas tantas veces que casi parecen ficción. “Tenía miedo de mi padre”, admite el padre de Nelly cuando se expresa este deseo, y es fácil entender la importancia de lo que cuenta. La joven no quiere historias de usar y tirar. Quiere saber cómo se sentían sus padres cuando eran pequeños, como ella, cómo pensaban y a qué tenían miedo. En este sentido, Memory Box [+lee también:
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, presentada también en la competición principal, podría ser la hermana mayor de esta película.

Es difícil explicar cómo algo tan pequeño, tan simple y tan modesto puede resultar tan conmovedor. Sciamma sabe cómo hablar ese idioma, y probablemente todavía pueda ver esas panteras negras en su propio dormitorio. La dirección de fotografía de Claire Mathon aporta un toque nostálgico, aunque tal vez sea el maldito otoño... En cualquier caso, el pasado nunca está demasiado lejos en esta película. Forma parte del camino, así que tal vez deberías visitarlo de vez en cuando.

Petite Maman es una producción de la francesa Lilies Films. mk2 Films se ocupa de las ventas internacionales.

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(Traducción del inglés)

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