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BERLINALE 2021 Panorama

Crítica: Bliss

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- BERLINALE 2021: El segundo largometraje de Henrika Kull habla sobre la identidad, la autodeterminación y el empoderamiento femenino en la historia de un romance entre dos mujeres en un burdel

Crítica: Bliss
Katharina Behrens y Adam Hoya en Bliss

La directora alemana Henrika Kull irrumpió con su maravilloso primer largometraje, Jibril [+lee también:
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, estrenado mundialmente en la sección Panorama de la  Berlinale 2018. Ahora, vuelve a la misma sección con Bliss [+lee también:
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, una historia sobre un difícil encuentro y romance entre dos trabajadoras sexuales, que da lugar a un drama admirablemente auténtico que trata la identidad, la autodeterminación, la propiedad de la propia alma y el cuerpo, y la búsqueda de la Felicidad.

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Sascha (Katharina Behrens en su primer papel protagonista) es una prostituta de 42 años que vive en Berlín. El burdel en el que trabaja no es nada glamuroso, pero es todo lo limpio y decente que puede ser un burdel. La madame es más bien una administradora y las mujeres que trabajan allí parecen ser libres de elegir y decir “no”.

Un día llega una nueva chica, la italiana Maria, de 25 años (Adam Hoya, una artista de performance y trabajadora sexual en la vida real, tema del documental de la Panorama de 2019, Searching Eva [+lee también:
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). Enseguida vemos que se trata de una mujer independiente y segura de sí misma para la que el trabajo sexual es una forma de performance y una oportunidad de ganar dinero extra. Desde luego, no parece que le falte, y parece que envía regularmente mensajes de voz a su padre, describiendo viajes y experiencias imaginarias.

Las dos se sienten atraías mutuamente con bastante rapidez. Sascha se enamora del encanto, la risa y el aire relajado de María, mientras que la joven ve en Sascha una mujer fuerte y segura de sí misma, que es respetada y popular en el burdel, tanto por los clientes como por otras prostitutas. Pronto, la pareja experimenta la dicha de enamorarse, pero fiel a su naturaleza, la dicha no puede durar mucho.

Sascha tiene un hijo de diez años que vive en Brandenburg con su padre y la pareja de su padre, así como un novio que es más bien una presencia pasajera en la película que recuerda al espectador el mundo patriarcal que rodea a nuestros héroes. Es en esta situación cuando la conexión entre Sascha y Maria comienza a romperse: en una feria de su pueblo, donde lleva a María a pasar el día con ella y Max.

La armadura de confianza y seguridad en sí misma que Sascha se ha construido a duras penas resulta ser demasiado frágil para soportar la situación. Las normas y expectativas de la sociedad, y en particular el estigma que conllevan la homosexualidad y el trabajo sexual, se ciernen sobre ella hasta el punto de eclipsar la pequeña chispa de conexión humana que ha conseguido crear. Comienza a desmoronarse en todos los niveles y abandona a María, quien, como sabremos más Adelante, tiene sus propios traumas que la llevaron a alejarse de su hogar.

Kull rodó la película en un burdel real, con prostitutas reales, lo que le aporta una autenticidad admirable. El lugar se percibe casi como una casa segura en comparación con el mundo exterior, un lugar donde las mujeres pueden ser lo que decidan ser. El tema del empoderamiento es, por supuesto, terriblemente complejo y cada segmento del largometraje y cada acción emprendida por los protagonistas puede interpretarse en múltiples niveles. Sin embargo, Kull hace todo lo posible por presentarlo de forma honesta y directa.

Un par de segmentos impresionistas, en los que la cinematografía de Carolina Steinbreche pasa a ser una representación clara y firme de la realidad a un desenfoque pesadillesco de colores, y en los que la música electrónica ambiental de Dascha Dauenhauer se extiende para atrapar al espectador, sumergirnos de lleno en los sentimientos, los miedos y la idea de autoestima de Sascha. En definitiva, Bliss es un drama muy logrado que, al igual que sus héroes, no siempre está perfectamente equilibrado, pero que sin duda invita a la reflexión.

Bliss fue producida por la compañía alemana Flare Film Production, en coproducción con ZDF, y Reel Suspects tiene los derechos internacionales.

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(Traducción del inglés por Eva Martínez)

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