email print share on Facebook share on Twitter share on reddit pin on Pinterest

DOCUDAYS 2021

Crítica: Salt from Bonneville

por 

- El segundo largometraje documental del ucraniano Simon Mozgovyi sigue a dos amigos que intentan romper el récord mundial de velocidad de motos de época

Crítica: Salt from Bonneville

En su segundo largometraje documental como director, Salt from Bonneville, estrenado mundialmente en el Docudays UA (donde ha recibido una mención especial en la competición DOCU/UKRAINE), el polifacético cineasta ucraniano Simon Mozgovyi parte de una premisa muy atractiva: dos amigos arreglan una vieja motocicleta soviética y tratan de batir el récord mundial de velocidad con motos de época. Sin embargo, aunque la película resulta visualmente atractiva y está muy lograda a nivel técnico, la historia carece de un verdadero núcleo dramático.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)
EFP hot docs

Maxim y Nazar están restaurando la IZH-49, una moto fabricada en 1951, con el objetivo de competir en el Salar de Bonneville (Utah, Estados Unidos), donde se reúnen aficionados de todo el mundo para batir récords de velocidad en sus vehículos tuneados. Los descubrimos en un garaje en los suburbios de Kiev, mientras trabajan en su máquina y se preparan para viajar a Estados Unidos.

Una vez allí, las cosas parecen ir relativamente bien para los dos amigos, a los que se suman un grupo de seguidores ucranianos que viven en los Estados Unidos. Los lugareños aprecian la participación extranjera en un evento eminentemente americano, pero apenas se revela nada sobre la competición en sí. Cuando se anuncia que el récord actual es de 133 km por hora, la información resulta un poco decepcionante para el espectador, ya que todavía no se había aclarado que los protagonistas competirán en la categoría de motos de época. Es obvio que su vehículo podría considerarse vintage, pero para los no iniciados (probablemente la mayor parte del público potencial de la película), esto no se explica claramente.

Mozgovyi adopta un enfoque observacional en el documental, lo que significa que hay poca exposición, y que cualquier tensión o suspense sobre el récord debería pasar a un segundo plano en comparación con el desarrollo de personajes y la relación entre los protagonistas. El problema es que no pasa nada entre ellos. De hecho, aprendemos más sobre Bonneville que sobre los dos amigos.

El vehículo pertenece a Maxim, que se parece más a un treintañero corriente que ha heredado una moto que a un auténtico entusiasta de la velocidad. Por otro lado, Nazar es un personaje más enérgico y atractivo, que tal vez decida quedarse a vivir en los Estados Unidos. Los dos discuten de vez en cuando, pero estos enfrentamientos se limitan a problemas técnicos con el vehículo.

Con todo, Bonneville es una localización inherentemente cinematográfica, un campo blanco interminable contra un cielo azul claro. De hecho, es tan grande que se puede observar la curvatura de la Tierra a simple vista, tal y como informa un antiguo noticiario. En cualquier caso, no estamos hablando de una competición como Daytona, con sus multitudes de espectadores vitoreando. Se trata simplemente de un grupo de fanáticos de la velocidad en un desierto de sal, compitiendo contrarreloj. Un plano aéreo nos da una idea de las dimensiones del evento, y son impresionantes, pero nunca llegamos a ver a otro vehículo intentando batir el récord, aunque de fondo podemos ver algunos artefactos interesantes sobre los que nos gustaría saber más.

Mientras Nazar realiza un par de vueltas, la cámara avanza rápidamente a su lado, pero la impresión de velocidad ya se ha visto afectada por lo que descubrimos anteriormente. De esta forma, en ausencia de un desarrollo de personajes y sin una sensación real de competición, el espectador se queda simplemente con algunas imágenes impresionantes, filmadas por Mozgovyi, Denis Melnik, Serhii Stetsenko y Dmytro Gorash, así como una lograda banda sonora compuesta por Zviad Mgebry y Luka Lebanidze, que eleva la película aportándole un dinamismo muy necesario.

Salt from Bonneville es una coproducción entre las ucranianas Atlant Media Group y Mainstream Pictures, junto a la polaca Stewopol.

(El artículo continúa más abajo - Inf. publicitaria)

(Traducción del inglés)

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete a nuestra newsletter y recibe más artículos como este directamente en tu email.

Privacy Policy