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VISIONS DU RÉEL 2021 Competición

Crítica: Les Enfants terribles

por 

- Al sumergirse en los conflictos generacionales de su propia familia, Ahmet Necdet Cupur firma un apasionante y prometedor primer largo coproducido entre Francia, Alemania y Turquía

Crítica: Les Enfants terribles

“¡Nunca! ¡Sal de mi casa! ¡Fuera! Estás maldito, ya no eres mi hijo. ¡Que me traigan tu cabeza en una bandeja! –Estamos hartos de vivir bajo tus reglas– ¡Te dispararé, te lo juro!” En los callejones de Keskincik, un pequeño pueblo anárquicamente hormigonado de la provincia turca de Hatay, reina la calma; pero la casa familiar del director Ahmet Necdet Cupur está en plena ebullición debido a una serie de conflictos generacionales que enfrentan a Mahmut y Zeynep (el hermano y la hermana del cineasta) a sus padres. ¿La causa? La libertad individual en un ambiente enquistado en las tradiciones, y dominado por la religión y el conservadurismo. El mayor de los hermanos, que se fue de casa hace 20 años, un antiguo ingeniero civil convertido en documentalista, es llamado al rescate por sus hermanos menores; por lo que regresa al país en enero de 2018 e instala su cámara en pleno centro de esta Batalla de Hernani, casi a puerta cerrada, entre antiguos y modernos. Una situación que vemos reflejada en su excelente primer largometraje, Les Enfants terribles [+lee también:
tráiler
ficha del filme
]
, presentado en competición internacional en el 52º Festival Visions du Réel.

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La película, construida en tres tiempos (la historia luego pasa a septiembre 2019 y después a un año más tarde), disecciona dos problemáticas, a la vez distintas y relacionadas, mediante la grabación sin filtro de la tormentosa intimidad familiar. La tenaz Zeynep intenta enfrentarse a los estrictos límites impuestos a las mujeres. Costurera en una fábrica, la joven se matricula en un curso por correspondencia para aprobar bachillerato, ir a la universidad y tener una vida independiente en Antioquía, a unos treinta kilómetros de su pueblo. Pero ni su padre (“por encima de mi cadáver”, “deberías agradecer que te permita dirigirme la palabra”, “no quiero volver a escucharte”), ni su madre (“¿tú conoces a una chica del pueblo que se haya ido?”, “encuentra un marido y vete”, “Dios me creó para quedarme en casa”) quieren permitirlo. Se repite un diálogo de sordos más o menos virulento e iracundo (mezclado con desesperación) para la que reivindica en vano la igualdad entre hijas e hijos bajo la mirada de su tercer hermano, Cemal, que vuelve después de cinco años de vida en solitario, explica a su hermana la extrema complejidad financiera de una vida independiente, causa la ira paternal al menor comentario (“somos campesinos. Tenemos nuestra forma de vivir, nuestra fe y nuestras tradiciones. Si no nos respetas, ya sabes dónde está la puerta”) y que volverá a marcharse.

El segundo personaje principal es Mahmut, que dirige un restaurante en Kuwait y que ha dejado en casa de sus padres a Nezahat, de 17 años, con quien se casó hace dos (“ella nunca había salido de su casa, estaba asustada, indefensa… En ese momento comprendí mi error”, “este matrimonio era un deseo de mis padres”) y de quien, en nombre del amor, quiere divorciarse sin ser cruel. Un auténtico desafío al que tanto sus padres como su entorno intentan oponerse por todos los medios de presión imaginables y a costa de fuertes discusiones (“todo el mundo dice que es inmoral, hasta el imán. ¿La abandonará con la excusa de que no le gusta?”).   

Dos nudos gordianos cuyas oscilaciones eléctricas registra Ahmet Necdet Cupur (él mismo personaje del documental) en una notable puesta en escena más cerca de los protagonistas, pero que también sabe tomar aire (bonitos encuadres e iluminación sutil, una música apropiada y un montaje muy conseguido), fuera del “campo de batalla” familiar donde se produce un cambio generacional en un microcosmos que resuena de forma mucho más amplia y con el que, a pesar de las eventuales diferencias culturales, cualquiera podrá identificarse.

Les Enfants terribles ha sido producida por la compañía francesa TS Productions, la alemana Jyoti Films y la turca Jyoti Films. Deckert Distribution gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del francés)

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