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Crítica: Four Seasons in a Day

por 

- El documental de la belga Annabel Verbeke explora lo que piensan y sienten las personas que viven en la frontera entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda de una manera algo problemática

Crítica: Four Seasons in a Day

La primera película de la Borderline Collection  ̶una serie de seis documentales impulsada por el productor belga Frederik Nicolai, que sigue a personas que viven cerca de las fronteras europeas– es Four Seasons in a Day [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
, de la belga Annabel Verbeke, que acaba de estrenarse en la sección International Spectrum del Hot Docs.  

El Carlingford Lough es un fiordo del mar de Irlanda, entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda, y Verbeke se centra en las personas que viajan en ferry entre ambas orillas. Hay una boya que marca la orilla, y los pasajeros suelen divertirse comentándola.  

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Las personas sentadas en los coches a bordo del ferry, o grabadas en sus casas o en el trabajo en ambas orillas, comparten sus opiniones en la frontera sobre el Brexit. Un padre partidario del Brexit explica a su hijo que ahora que Reino Unido está fuera de la Unión Europea, podrán ocuparse ellos mismos de su propio destino, “y no un país extranjero”. Un pescador unionista bromea con su madre y dice que los mejillones podrían tener pasaporte irlandés o británico, y no les importaría. Un director de funeraria espera que no haya una frontera dura porque las personas morirán en ambos lados.  

El mismo padre le dice a su hijo que no vio a un católico hasta los 10 años, y que es bueno que, en la actualidad, su hijo pueda jugar con otros niños católicos. Más tarde, habla con un amigo, y ambos se dan cuenta de que Dublín y Belfast han “cambiado de color” y que su identidad está en peligro. El pescador y su madre relatan que su familia nunca reconoció la frontera, que parecía un rompecabezas. Todos estos sentimientos no van mucho más allá de temas de conversación ya conocidos que leemos todos los días en internet y en las redes sociales, con tranquilidad y la cabeza fría.  

Es una producción generosa, que debe haber incluido micrófonos en la docena de coches grabados en el ferry, y cámaras montadas en el capó. La narración es equilibrada, con fragmentos proporcionales dedicados a cada uno de los segmentos y a los argumentos para irse o permanecer en la UE. El lago y las montañas que lo rodean son preciosos, componen una vista agradable y placentera hasta que empiezas a pensar en lo que la película está diciendo (o más bien, lo que se abstiene de contar).

¿De verdad vamos a creer que a las personas que viven cerca de esta frontera   ̶ que era, no hace mucho, una de las más disputadas de Europa y donde más sangre se ha derramado  ̶ , les preocupa más cómo afectará la nueva situación al transporte? ¿Que a los agentes de la Garda Síochána, que en el ferry examinan los vehículos por encima, sólo les preocupa tener que conseguir más mano de obra?

En efecto, la formación de la UE puso fin a las tensiones y a la violencia entre Irlanda del Norte y la República de Irlanda. Así que, ¿esto significa que el problema está resuelto? ¿Que un par de décadas de paz han eliminado los siglos de odio y conflictos armados entre católicos y protestantes? ¿Que los posibles controles de transporte son la principal amenaza del Brexit?

Esto no quiere decir que el documental sea “falso”, que los protagonistas estén actuando o que la intención sea deshonesta, pero no parece una versión real de la historia.

Four Seasons in a Day ha sido coproducida por las compañías belgas Off World y VRT-Canvas, la noruega Relation04 Media, la croata Kinoteka y la lituana iN SCRiPT.

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(Traducción del inglés)

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