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IFFR 2021 Harbour

Crítica: Au jour d’aujourd’hui

por 

- Introduciendo ciencia-ficción en la monotonía de los suburbios contemporáneos, Maxence Stamatiadis trata las ilusiones de la inteligencia artificial en un primer largometraje inquietante y oscuro

Crítica: Au jour d’aujourd’hui

“Es una modelización informática similar al funcionamiento del cerebro humano”. ¿El argumento? El amor triunfa sobre la muerte y nuestros seres queridos fallecidos vuelven a vivir con nosotros, se reencarnan en otra figura humana alimentada por los datos de los recuerdos. Y, por supuesto, todo comienza con descargarse una aplicación. ¿Delirio futurista lejano? Quizás, pero los grandes avances que han conseguido en la sombra la inteligencia artificial y las tecnologías de la comunicación plantean esta hipótesis plausible (y sus riesgos) en un futuro más cercano de lo que imaginamos. Así es el escenario planteado por el cineasta francés Maxence Stamatiadis, en su primer largometraje, la perturbadora Au jour d’aujourd’hui [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
, estrenada en la sección Harbour del 50º Festival de Róterdam (cuya segunda parte se celebra esta semana).

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“Me gustaría ser una bomba atómica que explota (…) Mi necesidad de matar está intacta, omnipresente (…) Perdí todo salvo mis miedos, mis terrores, mi impotencia”. Bajo su apariencia de abuelo jubilado y reservado, Edouard (Édouard Mouradian) disimula un océano de odio hacia sí mismo y hacia el mundo, que descarga en los textos que escribe en el ordenador y en el videojuego Call of Duty. Estamos en Pavillons-sous-Bois, en las afueras de París, en 2013, en un ambiente de hormigón, de asfalto y de tráfico de automóviles; y su esposa, Suzanne (Suzanne Mouradian), se ocupa de sus asuntos (cocina, clases de yoga, conversaciones telefónicas con las amigas y con su nieta adolescente, consumo de programas de telerrealidad) antes de sufrir una agresión violenta (un encapuchado rompe la ventanilla de su coche con una barra de hierro para robarle su bolso de mano).

Después, Édouard muere (de una enfermedad) y el argumento se traslada a 2024, cuando su viuda se deja tentar por una publicidad, “Au jour d’aujourd’hui, el nuevo servicio que causa furor: es una aplicación, te inscribes, cuentas tu historia y hablas de la persona que has perdido”. Suzanne descarga las fotos y completa el perfil de Edouard (“fase 1: analizamos tus datos; fase 2: describes el estilo de tu ser querido; última fase: generación de tu ser querido”). Aparece un compañero real (“un swapper”): después de la desconexión cerebral y de la sincronización, Édouard está de vuelta en casa, con la cabeza coronada por el logo de Au jour d’aujourd’hui: un 8 acostado (símbolo que evoca la estructura de la molécula de ADN, pero también el tiempo, la eternidad, el amor eterno, un portal entre el mundo físico y el mundo espiritual). Pero este renacimiento y el aprendizaje profundo de la inteligencia artificial no han borrado sus instintos asesinos…

La película, profundamente pesimista, mezcla el descontento humano y social en un estilo documental sin concesiones estéticas (desde webcams hasta la fealdad banal del urbanismo circundante). El choque entre el realismo y la ciencia ficción (con el pequeño tendero de la esquina que fomenta el bitcoin y la vecina fan de la dark web) dan a Maxence Stamatiadis una verdadera firma de autor, que sorprende y profundiza en temáticas inteligentes. Sin embargo, la dimensión tenebrosa omnipresente (un mundo corrompido, trastornado, brutal bajo su superficie ordinaria, hasta el amor preparado para aceptar las taras y los fracasos) no facilita la digestión de la película y suscita la perturbación en el límite de lo perturbador. Probablemente, esa era la intención de un director original y radical.

Au jour d’aujourd’hui ha sido producida por Hutong Productions, Agathe Berman Studio y Bad Manners. Oyster Films gestiona las ventas.

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(Traducción del francés)

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