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SOLEURA 2022

Crítica: À ciel ouvert

por 

- El nuevo largometraje de Charlie Petersmann nos ofrece una mirada entre bambalinas de una construcción faraónica que parece tragarse todo y a todos

Crítica: À ciel ouvert

Cinco años después de Deltas, Back to the Shores, seleccionada en varios festivales como el Visions du Réel de Nyon, el DOK.fest de Múnich y el Festival de Documentales de Tesalónica, Charlie Petersmann vuelve a las Jornadas de Soleura para presentar su nueva película, À ciel ouvert, que compite por el Premio de Soleure.

¿Qué significa ser un hombre, un hombre “de verdad”, en un microcosmos como el de la clase trabajadora? ¿Cómo conciliar tu vida privada con los rigores de un trabajo que trata al cuerpo como una máquina? En À ciel ouvert, Petersmann nos presenta los laberintos de una gran construcción en la Suiza francófona, un proyecto faraónico que nace y se desarrolla ante nuestros ojos. Gracias a la mirada incisiva y estéticamente poderosa de Petersmann, los “trabajadores en la sombra”, muchos de ellos extranjeros, se convierten en protagonistas de la escena, una escena que suelen observar entre bambalinas.

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A pesar de su innegable destreza y heroica resistencia a la fatiga (en nuestra sociedad patriarcal heteronormativa, un “hombre de verdad” no puede sentir dolor o pérdida), los trabajadores a menudo son etiquetados como trabajadores de segunda categoría, cuerpos en lugar de cerebros. “Todos los jóvenes suizos quieren trabajar en una oficina o en un banco, no les gusta el trabajo duro, los migrantes nos encargamos de eso”, explica uno de los trabajadores de la construcción, como para recordarnos que sólo las personas consideradas inferiores socialmente deberían ensuciarse las manos. Gracias a los testimonios de quienes han hecho de este trabajo duro y demandante su rutina diaria, nos damos cuenta de la importancia de estos “hombres en la sombra”.

Muchos de ellos han elegido este trabajo por orgullo y no sólo por necesidad, un orgullo que transmite una masculinidad viril erigida como una pancarta. Sí, porque lo más llamativo del documental de Petersmann es la omnipresencia de personajes masculinos que hacen gala de estereotipos asociados a su género. Las conversaciones falsamente superficiales sobre novias, el cansancio de un trabajo que pone a prueba el cuerpo todos los días, o sobre un pasado difícil que quema como el fuego (cárcel, guerra o la necesidad de dormir en el coche debido a la inseguridad) nos permiten ver los límites de esta integración silenciosa.

¿Qué significa ser un hombre? ¿Cuáles son las obligaciones (y no sólo los innegables privilegios) ligados a un género, el género masculino, que ha tomado posesión con arrogancia de una virilidad de la que cree tener derecho? À ciel ouvert es una película que recupera la dignidad y la voz de los que creen que no merecen el primer plano, pero también un retrato de hombres que son víctimas de los estereotipos ligados a su género. Desde este punto de vista, la escena en que uno de los protagonistas cuida de su jardín es interesante y poderosa. El director usa primeros planos audaces para centrarse en las manos arruinadas por el trabajo de este trabajador en la sombra, manos que se pueden usar como herramientas pero que también pueden convertirse en un hogar efímero para una mariquita. Petersmann nos muestra los bastidores no sólo de una construcción sino también de unos hombres que, por momentos, se quitan la máscara masculina que creen tener que llevar eternamente para ser aceptados o dar significado a su vida. 

À ciel ouvert ha sido producida por Mnemosyn films (Ginebra) y RTS (Radio Télévision Suisse).

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(Traducción del italiano)

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