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PELÍCULAS / CRÍTICAS

Crítica: Pas de deux

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- El primer largometraje de Elie Aufseesser explora la compleja relación que une a dos hermanos con personalidades y ambiciones muy distintas

Crítica: Pas de deux

En su primer largometraje, Pas de deux, que ha tenido su estreno mundial este año en las Jornadas de Soleura (donde se llevó el premio a la mejor ópera prima), el joven director suizo Elie Aufseesser ha puesto el foco en dos hermanos, de apenas veinte años, que deben enfrentarse a los primeros desafíos reales de la “vida adulta”. Jon(athan) y Peter (Pan) representan dos polos opuestos en lo que se refiere a sus personalidades y objetivos, siguiendo filosofías vitales muy diferentes: uno de ellos, estudiante modelo y campeón de salto de trampolín, está centrado en su inminente partida a los Estados Unidos, donde se incorporará al prestigioso equipo de salto de la Universidad de Columbia, mientras que el otro, un artista trotamundos con una clara preferencia por los paraísos artificiales, se dedica a imaginar su próximo viaje, sin un destino concreto en mente.

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A pesar de sus muchas diferencias, se hace evidente de inmediato que Jon y Peter mantienen una fuerte conexión, que trasciende las confrontaciones verbales que inevitablemente se desarrollan cuando la familia habla sobre el futuro. Antes de su partida (Jon a Nueva York y Peter a Jordania), el director se toma un tiempo para presentarnos a la familia Suckow, que también está compuesta por una hermana (la hija del medio), una madre, un padre (que rara vez aparece en pantalla) y dos abuelos. Lo que resulta llamativo desde el principio es la naturalidad con la que los miembros de la familia hablan sobre sus aspiraciones: la seguridad y la reflexión profunda sobre el significado de las cosas en el caso de Jon, y el goce hedonista en todo momento para Peter. Aunque su madre y abuelos no dudan en dar su opinión, cada uno de los hijos es libre de vivir su vida como mejor le parezca, sin que comparen sus elecciones con las de sus hermanos.

En un contexto multicultural y políglota (en casa hablan francés, inglés y chino), que ha moldeado de forma distinta a cada miembro de la familia, proporcionándoles una amplia variedad de recursos compartidos, Jon y Peter discuten sin llegar a entenderse mutuamente. ¿Cómo se explican estas dos visiones tan diferentes de la vida cuando ambos han tenido los mismos padres y han crecido en la misma ciudad?

Lo que nos muestra la película es que, en ocasiones, los alardes de Peter esconden una profunda inquietud, un deseo de escapar de una forma de aprobación que parece sobrepasarlo. ¿Acaso no es demasiado fácil decir que quieres escapar del pueblo en el que has nacido cuando sabes que puedes volver cuando lo necesites? Aunque, como confiesa Jon ante la cámara, su hermano no parece interesado en su vida (que sin duda le resulta insoportablemente predecible), tal vez su vínculo sea lo único (junto con la estrecha relación que comparte con su abuelo) que mantiene a Peter con los pies en el suelo. Del mismo modo, la valentía e instinto de este último le proporcionan a Jon el coraje necesario para superar sus propios miedos. Elie Aufseesser ofrece en esta película un paso a dos intenso, pero un poco torpe, en el que destacan los vínculos estrechos que van más allá de las palabras. Cuando se separan, Jon y Peter viven algunas experiencias poderosas, pero el hecho de compartirlas es lo que las hace geniales, y la combinación de sus mundos los convierte en un dúo particularmente intenso.

Pas de deux es una producción del propio director junto a Joshua R. Troxler de la suiza ToïToï y ToïToï US.

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(Traducción del italiano)

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