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LOCARNO 2022 Cineasti del presente

Crítica: Astrakan

por 

- David Depesseville presenta su primer largometraje, una película sobre la adolescencia de tonos oscuros, casi funestos, que se mueve entre impresionismo y cruel realismo

Crítica: Astrakan
Mirko Giannini en Astrakan

Presentada en estreno mundial en la sección Cineasti del Presente del Festival de Locarno, Astrakan [+lee también:
tráiler
ficha de la película
]
, de David Depesseville, muestra la vida cotidiana de un preadolescente llamado Samuel (interpretado por Mirko Giannini) que esconde un pasado oscuro. El protagonista de la película, complicado sino totalmente enigmático, parece albergar una oscuridad que poco a poco se convierte en un abismo. Incapaz de verbalizar el malestar que siente, Samuel suda (los fluidos corporales son muy importantes en la película) y vomita lo que ya no puede contener dentro de sí mismo; deja que su cuerpo hable en su nombre. Astrakan, vertiginosa y ambigua, nos adentra en el mundo interior de un joven perdido a través de un realismo crudo y recuerdos surrealistas.

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Aunque solo tiene doce años, Samuel ya ha vivido una vida muy triste. Huérfano de padres —parece que su padre fue asesinado por la policía, pero de su madre no sabemos nada—, el joven protagonista ha quedado a cargo de Marie (interpretada por la actriz y cantante Jehnny Beth) y Clément (Bastien Bouillon), que lo cuidan lo mejor que pueden sin tener la preparación o experiencia necesarias para comprender su malestar. Estos padres de acogida, que en realidad tienen dos hijos, Alexis y Dimitri, no ocultan el hecho de que necesitan el dinero que los servicios sociales les pagan por cuidar de Samuel. Pero su pragmatismo no les impide apegarse al chico de una manera incómoda pero sincera. Presenciamos la integración del protagonista a su nueva familia, que también incluye a un tío joven y ambiguo que desencadena fantasmas que a Samuel le cuesta mantener a raya. Más allá del bien y del mal, dos conceptos que a menudo parecen fusionarse en uno en su mente, Samuel es un niño desorientado que reacciona al mundo que lo rodea con las únicas herramientas disponibles: disimulo y una forma de violencia que siempre ha formado parte de su vida.

Aunque la historia nos recuerda a las películas realistas de los hermanos Dardenne, Astrakan se distingue por los destellos de un lado metafórico con matices casi barrocos, una representación visual del torbellino emocional que alberga Samuel. Sin embargo, la verdadera fuerza de la película reside en la aridez de su puesta en escena, en momentos donde el rostro del protagonista se impone frente a la cámara en su absoluta y oscura sencillez, revelando un mundo interior difícil de descifrar. La insistencia de la película en imágenes metafóricas —la escena final, acompañada de una grandiosa pieza de música clásica donde el director parece repasar la película desde el único punto de vista del joven protagonista, por ejemplo— puede resultar superflua y excesiva. La película encuentra su verdadera potencia en su realismo bressoniano, sus buenos actores y el entorno natural que los rodea.

Astrakan es mucho más que un relato preciso del tiempo ambiguo y vertiginoso que marca la transición de la infancia a la adolescencia. Aborda un tema tan delicado como la pedofilia desde los ojos de un preadolescente perdido que intenta sobrevivir a su pasado, así como a su presente, mientras hace esfuerzos torpes por descifrarlos.

Astrakan ha sido producida por Tamara Films.

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(Traducción del italiano)

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