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LOCARNO 2022 Competición

Critica: De noche los gatos son pardos

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- El primer largometraje de Valentin Merz es una película fascinante que propone un retrato desestabilizador de una sociedad alternativa dominada por los instintos

Critica: De noche los gatos son pardos

Después de estudiar dirección cinematográfica en el HEAD de Ginebra, Valentin Merz dio sus primeros pasos en el mundo del séptimo arte con dos cortometrajes que abordan la intimidad de manera directa y ofrecen una potente mezcla de violencia y ternura: Brothers: A Family Film y Dreaming like Louis, ambos estrenados en 2020. Su primer largometraje, De noche los gatos son pardos [+lee también:
tráiler
entrevista: Valentin Merz
ficha de la película
]
, presentado en la competición del Festival de Locarno, sigue el mismo estilo que sus películas anteriores: pinta un retrato poético y violentamente surrealista de un equipo de grabación fascinado por un torbellino de pasiones que parecen arrastrarlos hacia el abismo.

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Desde sus primeras imágenes, De noche los gatos son pardos muestra los cuerpos de los actores y actrices que forman parte del equipo en cuestión. Están grabando una película histórica no especificada, dominada por escenas íntimas con una gran dosis de erotismo. El misterioso y majestuoso bosque que los envuelve, los recibe y acaricia como si fueran criaturas frágiles y ambiguas que necesitan protección. A pesar de este abrazo tranquilizador, se puede sentir un peligro inminente, algo o alguien escondido en la sombra, listo para lanzar un ataque. El director de la película, Valentin (interpretado por el propio Merz), desaparece de repente sin dejar rastro. Mientras la policía investiga su desaparición, el rodaje continúa, pero da un giro ambiguo. Robin, el operador de cámara y amante del director, decide cumplir la promesa que le hizo al hombre de su vida, y viaja al Istmo de Tehuantepec, en México. 

El director de la película libertina —el álter ego de Merz y protagonista— actúa como hilo conductor en una película que indaga en los límites de la imaginación y explora los fantasmas (así como las obsesiones) que habitan la mente de cada artista. A pesar de su historia deliberadamente exigua, las microhistorias que alimentan este improbable puzzle humano –acompañado, a veces, de una banda sonora kitsch y retro que las convierte en encantadores vídeos musicales vintage— interactúan unas con otras y dialogan a través de la presencia continua de los cuerpos de los actores y actrices. No importa si son profesionales del cine, amigos, amantes o colaboradores de Merz, lo importante es la espontaneidad y sinceridad con la que se presentan frente a la cámara. No hay roles fijos ni jerárquicos, nadie puede mirar en silencio sin participar de la acción porque el proceso creativo requiere su implicación y dedicación constantes.  

Como dijo Marie Lanne-Chesnot, que produjo la película con Valentin Merz, De noche los gatos son pardos es una película cuya fuerza comunicativa se extiende más allá de la narración de la película: cautiva al público a través de atmósferas desestabilizantes, violentas y sensuales, dominadas por la presencia física de los actores y de las actrices. Al igual que los protagonistas de la película, para disfrutar de la experiencia los espectadores deben abrirse a la inmediatez desestabilizante de la película y a la fuerza de sus imágenes, que han sido despojadas del hilo narrativo que las envuelve. Como es natural, requiere cierto esfuerzo, pero es esencial para disfrutar de la magia de una película que poco a poco facilita una catarsis colectiva.  

Valentin Merz nos anima a pensar en la idea misma de cine, en el poder de las imágenes como vectores de transformación y ventana al mundo. Su representación de las sexualidades —gay, lesbiana, partidarios del bondage y la objetofilia—que se aleja del modelo heterosexual dominante, muestra que la intimidad es un espejo que debe ser entendido y representado en toda su resplandeciente diversidad. De noche los gatos son pardos, nada pretenciosa, aunque deliberadamente “anti” narrativa (en el sentido tradicional de la palabra), nos ayuda a replantearnos nuestra interpretación del cine, así como nuestro concepto de la normalidad.  

De noche los gatos son pardos ha sido producida por la suiza Andrea Film. La italiana The Open Reel gestiona las ventas internacionales.

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(Traducción del italiano)

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